¿Quien fue el Primer Goleador de Boca?

La punta izquierda del ataque de Boca Juniors fue ocupada por Farenga, que fue el primer ala que tuvo el equipo desde su primera época. Cuando ya promediaba el año 1909 fue probado en el puesto un joven llamado Giovanelli, que debutó junto al «Chito» Garibaldi en el enfrentamiento contra Racing por las semifinales del ascenso.

En 1910 llegó a la primera división un muchacho cuyo nombre era Adolfo Taggino.

Taggino desde el momento de su debut se aseguró en el puesto. Hábil y veloz, poseía un potente remate de pierna izquierda. Rápidamente se ganó el aprecio de los simpatizantes boquenses, quienes lo erigieron en uno de los preferidos.

Sus goles eran espectaculares. Sus disparos vencian la resistencia de los goleros rivales. Frío en el momento de la definición, era difícil que marrara un tanto cuando la situación era propicia.

Adolfo Taggino fue llamado para formar parte del seleccionado de la Asociación Argentina en 1913 y tuvo el honor de convertir uno de los goles con que el combinado venció al Torino de Italia por 3 a 1. Posteriormente pasó a jugar para River Plate, manteniendo su indudable calidad.

Sin embargo no consiguió allí el renombre que tuvo en Boca, a donde volvió luego de su paso por las filas rivales. Formó junto con Abbatángelo una de las alas más recordadas de aquellas épocas.

Primeros Idolos de Boca. Pedro Arico Suárez

Fue una institución dentro de otra institución. Suena a confuso en un medio como el fútbol. Una institución dentro del club. Hasta parece risueño. Más si se cuenta que ese club no es cual. quier club. Es Boca Juniors. Sin embargo como veremos en todo su historial fueron muchos los nombres que se convirtieron en un mito en la historia de Boca Juniors. Así podemos :mencionar a Pedro Calomino, Américo Tesorieri, Ludovico Bidoglio y otros. Eran cracks, grandes jugadores. Los diferenciaba algo que los distinguía como simbolo de la institución. Ese galardón lo da la extensa carrera que estos jugadores tuvieron en Boca Juniors. Y uno de los nombres que apenas son echados al presente por el recuerdo lejano es el de Pedro Arico Suárez. El fue una institución dentro de Boca.

En 1928 surgió en la primera división de Ferro Carril Oeste para en 1929 iniciar en Boca Juniors su brillante campaña.

Fue un half de esos que no lucian pero que siempre cumplian en forma impecable su tarea. Que se desenvolvía en el silencio de incansable trajinar, Era capaz de correr hasta el lugar donde el delantero rival acercaba peligro y quitarle la pelota para inmediatamente pasar al ataque buscando líneas de fondo rivales. Era infatigable. Parecía increible ver correr una y otra vez todo el largo del campo sin ningún tipo de respiro.

Nació en la Islas Canarias, más precisamente en Santa Brígida, el 5 de junio de 1908, cuando apenas daba los primeros pasos, sus padres se trasladaron a la Argentina.

Desde entonces comenzó a sentirse hijo de esta tierra. Sin ningún tipo de quebrantamientos. Cuando tenía 11 años recién cumplidos viajó junto a sus padres a la madre patria para conocer el lugar donde había nacido. Ante la sorpresa de sus padres una vez reconocido el lugar integramente, dijo «esta no es mi patria, porque no está mi barrio”.

Era un muchacho de barrio. Boedo en aquel entonces era un mundo aparte. Con costumbres propias. Esas que asimiló Pedro Árico Suárez y que lo pintaban de cuerpo entero. Las huellas hondas de su rostro, el pucho acomodado al costado de los la bios, hablando con la boca en. treabierta, como mordiendo las palabras. Esa desfachatez la trasladaba al campo de juego, El no se sentía español. El era un porteño de ley.

Se lo recuerda como uno de los mejores half izquierdos del fútbol argentino en la década del treita. En aquel] tiempo habia otros grandes jugadores que tenían su brillo. Lema, García, Arrieta, Todos ellos casualmente vivian en el mismo barrio que Arico. Alguna vez con su humor dijo: “Nos llevamos bien, yo soy half izquierdo; García y Arrieta juegan del mismo lado. Nunca los tuve que marcar”.

El fútbol y el barrio lo marcaban de pies a cabeza. Vaya a saber por qué raro misterio, ni el mismo Suárez lo pudo develar, o no lo quiso hacer, fue llamado AÁrico. Su nombre era Pedro Suárez. Pero con rapidez se quedó con el apodo definitivamente. Desde entonces siempre firmó Pedro Árico Suárez.

Durante su trayectoria tuvo un duelo muy especial con Carlos Peucelle, que vestía la camlseta de River Plate, enconado rival boquense. No dudó en admitir que fue uno de los hombres que más trabajo le costó marcar. “Con él gané y perdí. Pero al que nunca pude parar fue a Donati de Talleres. Siempre se me fue. Un día de estos lo voy a buscar a un café, lo tomaré de una manga y le voy a decir: “No te vas. Vamos a tomar un vermouth.”

Así siempre pintoresco cuando contaba sus anécdotas de fútbol. «No fui jugador de hacer muchos goles. Hasta ahí no llegué. En los años que llevo en Boca soy un jugador muy efectivo. Hice nada más que dos goles. Uno a Gualco aprovechan. do un rebote y otro a Merello, (arquero de Boca, gol en contra) contra Talleres. Fue un golazo. El pobre Merello me chillaba. «Y Justo me lo venís a marcar a mi». Yo le dije: «Y qué querés que haga no ves que al otro no puedo».

Y así quedó grabado en el recuerdo de los boquenses. Con su pinta de reo, con la humildad de su juego, con el pinto. resquismo de su hablar, con su hombría. Ese fue un gran jugador. Pedro Arico Suárez.

Primeros Idolos de Boca. Juan Garibaldi

Corre el año 1909. Boca ha visto nuevamente frustradas sus aspiraciones a ascender a primera división a manos del Racing Club. Renovadas las esperanzas para el año siguiente, surge la posibilidad de tomarse revancha del poderoso equipo albiceleste, en un encuentro por la Copa Benito Villanueva.

En ese partido debutan en la primera boquense dos jóvenes, Garibaldi, zaguero, y Giovanelli, puntero izquierdo.

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El encuentro cobra un apasionante relieve técnico, y merece que sea reonocido como el mejor del año.

Boca conquista la Copa, venciendo por 1-0 con gol de Giovaneli. Pero la gran figura del encuentro es Juan Garibaldi. Con sobriedad, seguridad y lasticidad, Garibaldi cierra el paso a los pergaminos de la sóida ala Ohaco-Perinetti, famosos por la precisión con que creaban jugadas para desorientar a los rivales. Nada pudieron hacer ante los recursos esgrimidos por ese delgado muchacho de 16 años, que por primera vez lucía la camiseta boquense.

Hijo de Bartolomé Garibaldi, uno de los pioneros de Boca Juniors, era conocido en el barrio como «Chito», diminutivo de Juancito. A partir de esa tarde consagratoria se constituyó en una de las figuras de aquel gran equipo, reemplazando en el puesto a Vergara, hombre que desde las primeras formaciones había sido titular.

Tenía todos los atributos para el difícil puesto de zaguero. Elegancia, rapidez, seguridad en el quite y para entregar manso el balón a un compañero. Su nombradía le valió ser citado para formar parte de los primeros combinados porteños que se formaron para medirse con lo combinados uruguayos, donde confirmó todos los méritos que provocaron la designación.

Su paso por la primera diviión de Boca Juniors fue fugaz sin embargo. Un desgraciado accidente ocurrido durante un match contra Banfield en el fiel de Wilde truncó su carrera qupor el brillo que había alcanzado hasta ese entonces, hace presumir que estaba llamado a con vertirse en una de las figuras estelares del fútbol argentino.

Los pocos que lo vieron jugar discutieron con vehemencia que “Chito” Garibaldi fue el má destacado zaguero de la época romántica del fútbol. A pesar de tan ingrata situación que cortó su promisoria trayectoria, siempre tuvo el respeto de quienes reconocen la calidad de un gran jugador.

Primeros Idolos de Boca. Pedro Calomino

La raya lateral siempre ha sido emparentada en romance con punteros que, por su habilidad, guardan un lugar dentro de la historia del fútbol. La gran mayoría se ganaron el apodo de “loco”, para definir con una expresión clara toda la capacidad que tenía aquel jugador para realizar una imprevista jugada, que asombraba a los espectadores y ridiculizaba a los contrarios.

Por el año 1911, llegó a la primera de Boca Juniors un puntero que en poco tiempo se convirtió en dueño indiscutido del puesto y fue carta de triunfo. Su nombre era Pedro B. Journal. Su juego respetaba todo lo que el manual del “’wing-wing’ ordena. Gambeta, velocidad, improvisación y picardía, para encarar hacia el arco rival.

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Fue, si se nos permite el término, el inventor de la «bicicleta». La maniobra consistía en pasar los pies una y otra vez sobre la pelota sin tocarla, hasta que el rival se desacomodaba y Calomino quedaba con el camino libre para continuar su marcha al lado de la linea de cal. Lo hacía con destreza y precisión y desde entonces llegó a ser la jugada que le pedían los simpatizantes en los encuentros.

Cuando ya se había afirmado en la titularidad, a los simpatizantes boquenses, en su gran mayoría inmigrantes italianos, les costaba sumo esfuerzo pronunciar el nombre de aquel hábil jugador, que hacía delicias para el espectáculo.

Entonces lo identificaban con un apodo o adaptaban el apellido a su tergiversado castellano. Journal fue apodado «Calumín». Con rapidez el sobrenombre fue ya de maneje popular. Así al poco tiempo fue apellidado «Calomino», con el cual se lo recuerda en estos tiempos.

Para mostrar lo que podria llegar a hacer Calomino dentro de un campo de juego, es bueno traer al presente una anécdota contada por Garibaldi.

Boca Juniors había viajado hacia Rosario para medir fuerzas con Tiro Federal de aquella ciudad. Entre otros hechos destacados, en aquel viaje habían acompañado al equipo porteño la inusual cantidad de 8 simpatizantes. Durante el desarrollo del partido el equipo rosarino había sacado claras ventajas en el marcador. Cuando el score estaba cuatro a cero, favorable a Tiro Federal, los ocho simpatizantes, al no ver atisbos de una posible recuperación de Boca, que permitiera remontar el resultado, decidieron retornar a la estación para esperar el tren que los llevaría de regreso a Buenos Aires.

Esto pareció tocar el amor propio de los jugadores, que habían quedado solos en circunstancias tan adversas. Fue entonces cuando Calomino le indicó a Bertolini que juntos cansaran al centrojás. Fue tal el «baile» que le dieron que éste no tuvo otra alternativa que sentarse en la cancha rendido en su inútil persecución. Después Calomino comenzó a desarmar la poca resistencia que quedaba a la zaga rosarina. Y Bertolini a definir las ingeniosas jugadas generadas por el wing. En pocos minutos colocaron el marcador 4 a 4.

Ya sobre la finalización del partido, Garibaldi le cedió el balón a Calomino y le gritó «Calumín, la hora. ..!» Calomino tomó el balón y encaró con decisión hacia el área contraria, eludió a todos los defensores y sobre la línea final envió centro que concretó en forma impecable Bertolini decretando la victoria de Boca por 5 a 4.

Cuando los jugadores retornaron a la estación para tomar el tren de regreso, los simpatizantes les preguntaron «¿Cómo salieron?»» a lo que respondieron «5 a 4». Los hinchas retrucaron «¿Perdieron?»» «No, ganamos». Los jugadores contaron las incidencias finales del partido, la gran alegría que envolvió al pequeño grupo «boquense» fue indescriptible, Calomino había sido artífice de aquella hazaña. Su juego que promovió elogios periodísticos tales como: «Calomino ha sido uno de los wingers más extraordinarios que haya tenido el fútbol argentino».

Otro de sus tantos méritos fue haber vestido la casaca de los primeros combinados argentinos, en épocas donde sobraban jugadores de calidad.