El fin del Club Alumni

Su disolución llegó en 1913 y su capital se distribuyó en instituciones de beneficencia -tal como rezaban sus estatutos-.

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Alumni había puesto fin a su vida deportiva en 1911. Hasta entonces había acumulado los títulos de 1901, 1902 y 1903, el subcampemato de 1904, los campeonatos de 1905. 1906 y 1907, el subcampeonato de 1908 y nuevos lauros en 1909, 1910 y 1911, siendo este último la evidencia de una marcada declinación, pues debió jugar con Porteño un desempate que se adjudicaría por 2 a 0.

Le quedó aún una última satisfacción cuando varios de sus jugadores integraron el plantel de Quilmes en 1912 y lo llevaron a ganar el título, acaso como un adiós a la actividad imborrable, inolvidable, del famoso Alumni, metido en lo más hondo de la historia del fútbol argentino.

Pero ese 1912 sería el escenario de una controversia y de criterios discrepantes que, tras distintas alternativas, deberían esperar varios lustros más antes de hallar el rumbo definitivo.

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(Fuente: Cien años con el fútbol)

Nace Alumni, la génesis del fútbol argentino.

El segundo aspecto es el que deriva de la decisión de los integrantes del English High School de seguir jugando y compitiendo, para lo cual fundan un nuevo club: Alumni, que será la sensación por su juego y sus triunfos y modelo para canalizar el fervor creciente de los criollos por participar en el fútbol.

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La serie de éxitos de Alumni, conocido desde siempre como el equipo de los Brown por la decisiva influencia de los hermanos de ese apellido que lo integraban, se constituyó también en un ejemplo de calidad y lealtad deportivas, que pronto prendió en los sectores más populares de la ciudad. Así fueron naciendo los clubes criollos, algunos con algún inevitable toque extranjero, otros con alusiones patrióticas, pero todos con un idéntico afán: fundar un club, a la luz de cualquier esquina de barrio o en algún corralón o patio prestado, encontrar un nombre y ¡comprar un sello!. Claro que había otras dos cuestiones económicas vitales en esos momentos: poder comprar una pelota y los palos para los arcos. Todo descontando pocas divergencias a la hora de elegir los colores…

El fenómeno de esos años de reinado de Alumni ve aparecer a Racing -que fue su sucesor-, Boca, River, Independiente, San Lorenzo, Estudiantes de La Plata, Argentinos Juniors, Atlanta, Ferro Carril Oeste, Huracán, Platense, Estudiantil Porteño, Tigre, Vélez, Chacarita, San Telmo, Defensores de Belgrano, Porteño y Barracas, que venían a sumarse a los ya acriollados y más antiguos: Quilmes, Banfield y Rosario Central.

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Esa explosión tenía, además, una gran connotación social, como el que para practicarlo sólo era necesaria una pelota -así la historia ha rendido tributo a la de trapo-, mientras que los arcos podían ser establecidos con algunas latas o un poco de ropa, sin travesaño, claro está, y dejando abierta la posibilidad de encendidas polémicas por si “la pelota había entrado, pero muy alta”.

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Por eso los baldíos, que por entonces no sólo estaban cerca del puerto, sino en zonas hoy residenciales como Flores y Palermo, favorecían los partidos, los famosos desafíos y la necesidad creciente de ir organizándose en clubes para mejorar y así acercarse a las competiciones mayores.

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Otro factor concurrente en la difusión y atracción del fútbol fue aportado inicialmente por las visitas de equipos ingleses, que mostraron un fútbol veloz y de gran concepción táctica y contribuyeron a enriquecer lo que los criollos delineaban con sello propio, pero con menos orden.