¿Por qué la cancha de Boca es así?

La Bombonera, el estadio del Club Atlético Boca Juniors, es uno de los estadios más icónicos del fútbol mundial. Con su forma de herradura y su inclinada tribuna, la cancha de Boca es única y reconocida en todo el mundo. Pero, ¿por qué la cancha de Boca es así?

La Bombonera fue construida en 1940 y desde entonces ha sido la casa del Club Atlético Boca Juniors. Su forma de herradura y su tribuna inclinada fueron diseñadas por el arquitecto José Luis Delpini y se han mantenido prácticamente iguales desde su construcción.

La tribuna inclinada de la Bombonera es una de sus características más distintivas. La tribuna tiene una inclinación de 45 grados, lo que significa que los aficionados están muy cerca de la cancha y pueden sentir la pasión del fútbol en primera persona.

La forma de herradura de la cancha también tiene una razón práctica. La forma de la cancha fue diseñada para adaptarse al terreno disponible, que tenía una forma irregular. La forma de herradura permitió que la cancha se ajustara al terreno sin sacrificar el espacio de juego.

Además, la forma de la cancha también tiene un efecto sobre la acústica del estadio. La tribuna inclinada y la forma de herradura de la cancha crean un efecto de resonancia, lo que significa que el sonido de los aficionados se amplifica y se siente más fuerte.

La Bombonera es también famosa por su ambiente, que se debe en gran parte a la pasión de los aficionados de Boca Juniors. Los aficionados de Boca Juniors son conocidos como los «Xeneizes» y son famosos por su pasión y su apoyo incondicional al equipo.

En resumen, la forma de herradura y la tribuna inclinada de la cancha de Boca Juniors son el resultado de un diseño que se ajustaba al terreno disponible y que crea un ambiente acústico y emocional único en el mundo del fútbol. La Bombonera es un estadio icónico y un símbolo de la pasión y la devoción de los aficionados del Club Atlético Boca Juniors.

:¿ Porqué le dicen el gallinero al estadio de River?

El Estadio Monumental de Buenos Aires es la casa del Club Atlético River Plate, uno de los equipos de fútbol más populares y exitosos de Argentina. Sin embargo, a menudo se le llama «el gallinero» en referencia a las gallinas, un animal que representa la cobardía y la falta de coraje en la cultura popular argentina. Pero, ¿por qué se le llama así al estadio de River?

La historia detrás del apodo se remonta a un partido entre River Plate y el Club Atlético Atlanta en 1966. En ese entonces, River estaba en la cima de su juego y Atlanta luchaba por mantenerse en la primera división del fútbol argentino. Durante el partido, la hinchada de Atlanta comenzó a cantar «¡Gallina, gallina!» para burlarse de los jugadores de River, a quienes acusaban de cobardes y de no tener coraje para ganar el partido.

El partido terminó empatado 2-2, y aunque River no perdió, la afición rival había conseguido un nuevo arma para ridiculizar al equipo millonario. A partir de ese momento, el apodo de «gallina» comenzó a ser utilizado para burlarse de River Plate y sus aficionados.

Sin embargo, los hinchas de River no se dejaron amedrentar por el apodo y lo adoptaron como propio. En lugar de esconderse o avergonzarse por el apodo, los hinchas de River comenzaron a referirse a su propio estadio como «el gallinero» como una forma de apropiarse del insulto y darle un nuevo significado.

Hoy en día, los hinchas de River Plate se enorgullecen de su apodo y de su estadio, el cual han convertido en una fortaleza en la que es difícil ganarles. Además, han logrado ganar numerosos títulos en su historia, lo que demuestra que no son gallinas en el campo de juego.

Quien fue Carlos Salvador Bilardo

Carlos Salvador Bilardo es uno de los entrenadores más importantes en la historia del fútbol argentino. Nacido en Buenos Aires en 1939, Bilardo comenzó su carrera futbolística como jugador, siendo defensor central en equipos como Estudiantes de La Plata y San Lorenzo de Almagro. Sin embargo, su legado se construyó principalmente como entrenador.

En 1982, Bilardo asumió el cargo de entrenador de Estudiantes de La Plata, el equipo donde había jugado como defensa. En su primer año como entrenador, logró el Campeonato Nacional, el primer título de liga en la historia del club. En 1986, fue elegido para dirigir la selección argentina de fútbol, un logro que lo llevó a la cima de su carrera.

Bilardo llevó a la selección argentina a la conquista de la Copa del Mundo de México 1986, en una final legendaria contra Alemania en la que Diego Maradona se consagró como uno de los grandes ídolos del fútbol mundial. Cuatro años después, en el Mundial de Italia 1990, la selección argentina alcanzó nuevamente la final, pero esta vez cayó ante Alemania.

Bilardo se caracterizó por ser un técnico meticuloso, obsesionado con el detalle y el trabajo duro. Creó un sistema táctico innovador que consistía en la presión constante y la recuperación rápida del balón, lo que permitía a su equipo imponer un ritmo frenético al partido. Su legado como entrenador se consolidó en el Mundial de 1990, donde la selección argentina jugó un fútbol defensivo pero efectivo, y logró llegar a la final con un equipo que no contaba con grandes estrellas.

Además de su carrera como entrenador, Bilardo también fue un importante dirigente deportivo. En la década de 1990, ocupó varios cargos en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y fue uno de los impulsores del fútbol femenino en el país.

Hoy, a sus más de 80 años, Carlos Salvador Bilardo sigue siendo una figura respetada en el mundo del fútbol, recordado como uno de los grandes estrategas del fútbol argentino y mundial.

La Historia de Boca en la B

En 1908, Boca se afilió a la Argentine Football Association, que en ese momento se conocía con ese nombre anglosajón. Sin embargo, se inscribió en la segunda categoría, la Liga Intermedia, también conocida como «B».

En aquel entonces, River Plate apoyó el ascenso de Boca a Primera División, lo que se produjo gracias a una votación realizada en una reunión de emergencia de la AFA en 1912.

La reunión se llevó a cabo en la sede de la AFA en Maipú 131, donde se definieron dos cosas clave: que el torneo principal seguiría con los equipos que quedaron en Primera División y que todos los equipos de la «B» ascenderían. Rafael Cullen, dirigente del Club Atlético San Isidro, presentó la moción, que fue aceptada por unanimidad.

En la temporada 1912, Boca quedó tercero en la «B» detrás de Ferro y Platense. En circunstancias normales, solo Ferro habría ascendido a Primera División.

Sin embargo, en una asamblea extraordinaria en febrero de 1913, Boca fue promovido a Primera con el aval del representante de River, Emilio Löfgren. Además, el dirigente de River, Antonio Zolezzi, ayudó a Boca a obtener un crédito para reconstruir su cancha.

El primer superclásico oficial de la historia se jugó en la cancha de Racing el 24 de agosto de 1913. Así, River Plate contribuyó indirectamente a la promoción de Boca a Primera División y al surgimiento del superclásico.

Juan Bautista Sormani, una vida al servicio de la AFA

Arquero del 900. Debutó en la valla de Sportivo Barracas a los 21 años.

En 1924 integró el plantel argentino que disputó en Montevideo el Sudamericano.

El profesionalismo cambió su vida. Dejó el fútbol por opción, y fue intendente de la AFA.

EXTRACTO de la colección HISTORIA DE LA SELECCION ARGENTINA

En la soleada mañana del 26 de octubre de 1902, una modesta familia del barrio de Barracas rompía la monotonía con la llegada de un nuevo integrante. Así, Juan Bautista Sormani se adueñaba del hito más importante que aún conserva el hombre, la vida, en un marco de bullicio fabril, característica de la zona.

Había nacido casi al mismo tiempo que el siglo.

La mágica alegría de correr tras una pelota recién atraparía a Juan doce años más tarde, tiempo en que decidiría desafiar la negativa paterna para sumergirse en los potreros de la zona.

Hoy, a 78 años de aquellas primeras atajadas, ya que el arco lo encerraría en sus brazos para siempre dentro de una cancha, Sormani – va distendiendo sus nervios provocados por la entrevista “… que hace tanto tiempo nadie me hacía”.

Es un elegante anciano de cabellos blancos y ojos celestes que se siente sumamente cómodo cuando se ve rodeado por las paredes de la Asociación del Fútbol Argentino.

“¿Comencé a formar parte de este ámbito el 5 de enero de 1925, cuan do por intermedio de José Radaelli, delegado de Barracas, ingresé como ordenanza. Luego me nombraron intendente de la AFA. –

“Así, me desempeñé como tal sin desculdar el fútbol, Pero eso no duró demaslado ya que en 1931, con el advenimiento del profesionalismo me impusleron que debía elegir entre los dos, ya que, según ellos . Un profeslonal del deporte no puede desempeñarse como empleado de la entidad rectora”.

Con 29 años encima la elección no podía ser otra y entonces dio comienzo otra etapa: vivir el fútbol con pantalones largos. «Eso trajo consigo conocer las cosas no tan lindas de mi juego preferido y que seguramente nada tiene que ver con la idiosincrasia del mismo”.

Con su ingreso a la AFA, Sormani dejaba atrás varias temporadas de primera división en el arco de Barracas Central, donde había debutado a los 21 años.

«En un partido contra Gimnasia y Esgrima La Plata, le atajé un penal a Gracco, aunque sin retener la pelota. Entonces, la misma volvió a los pies del delantero quien trató de colocar el disparo, pero volví a salvar mi valla arrojándome presuroso a sus pies. Cuando me reincorporaba victorioso, vi que el árbitro, debutante ese día, se aprestaba a invalidar la acción porque me había adelantado antes del remate inicial. Sin demostrar mi desesperación solo se me ocurrió gritarte: ¡qué va a cobrar señor! ¿no conoce el nuevo reglamento? Dicho esto, y ante sus dudas, tiré lejos la pelota y siguió el partido sin novedad”.

Sormani recuerda que las pasaba muy mal bajo los postes cuando veía las apiledas de los delanteros que enfilaban hacia él. A su memoria acuden los nombres de Elías Fernández y Morrone entre los que más los “fastidiaban”; y en su puesto rápidamente nombra a Wilson, Riner e Isola.

“Una tarde de 1924 se me acerca un dirigente del club, y me comunica que al día siguiente debía presentarme en el puerto para abordar el Vapor de la Carrera de las 21 horas rumbo a Montevideo. Traté de obtener más información pero solo agregó que yo iba a formar parte del plantel elegido por la Comisión de Dirigentes, que iba a disputar un partido con su similar uruguayo, representando al país, Y me recomendaba muy especialmente que llevara los zapatos”. “Antes del partido, el equipo lo formó el capitán, La camiseta era idéntica a la actual, mientras los pantalones y las medias eran azules con vivos celestes y blancos, El arquero titular era Scalpone, y yo, en condición de arquero suplente no podía Ingresar al campo, ya que durante el partido no existían los tambos, Resolví la situación con un poco de ingenio: encima de la ropa de jugador me puse la ropa de cale y con el botiquín en la mano entró a la cancha, Fue mi debut y despedida como masajista y Juro que rezaba para que nadie se lastimara seriamente”.

“Recuerdo también que cuando hicimos el primer gol yo salté y ¡grité la conquista, Fue cuando el _ delegado nuestro me hizo un ademán de silencio”.

A regañadientes acepté. Luego vino otro gol argentino y Cuando me eprestaba a festejar, nuevamente el delegado pidiéndome mesura. En gran reacción los orientales nos empataron, pero , sobre el final conseguimos el gol , de la victoria, Allí salté y grité enloquecido de alegría sin hacer caso , de los pedidos de silencio de nues, tro delegado.

Al tiempo que aquel episodio pude comprobar bien la extraña actitud: el delegado del seleccionado argentino era uruguayo”.

Sormani y los demás integrantes de la Selección emprendieron el alegre regreso, cantando hasta muy tarde en la cubierta del barco.

Al llegar al puerto se despidieron y cada uno marchó a su casa. Hoy el hecho sorprende por su sobriedad, su silencio, su sabor de entrecasa.

Se nos tornan épicas las aventuras al exterlor que intentaban nuestros jugadores.

“Mire joven, cuando Barracas deba jugar en Palermo, por ejemplo, sra un suplicio para trasladarnos de nuestro barrlo hasta allí, y no le miento al deciria que el carro de algún amigo debía sallr varias horas antes del partido para darnos tiempo a llegar, vestirnos tranquilos y pelotear un poco, Nadie nos tenía que culdar a qué hora debís mos acostarnos, y las compañías junto a las comidas eran de nuestra elección personal. Ya éramos bastante grandecitos para cuidarnos por nosotros mismos”

Juan Bautista Sormani es pues un eslabón lejano en la nutrida catarata de recuerdos…