1937, Colo Colo y su primer Título

El campeonato de 1937 no puede olvidarlo ningún hincha del club popular: fue el de la conquista del primer titulo.

El que abrió la senda de una tradición reiterada con una frecuencia suficiente para que la hegemonía de Colo Colo se tornara indiscutible. Los albos terminaron invictos, aunque en el último encuentro, frente a Bádminton en el otrora frecuentado Estadio de Carabineros, debieron apelar a toda su «garra» para remontar un marcador adverso y empatar a 3.

La superioridad exhibida por Colo Colo en el año quedó reflejada en la tabla: primero, con 21 puntos, contra 16 de Magallanes y Unión Española. Además de saldar una deuda de varios años con su hinchada, Colo Colo tomó también desquite de su «padre», Magallanes, a estas alturas su rival más tradicional.

(Fuente: Colo Colo, Alma de Campeón. Autor: Adamol)

La Triste Primera Gira Internacional de Colo Colo

Así como la historia de los pueblos suele iluminarse con sus epopeyas y el ejemplo de sus mártires, de los cuales Chile puede ofrecer una generosa nómina, Colo Colo, casi en sus albores, sufrió la muerte de David Arellano, capitán del equipo y uno de sus fundadores.

Fue en Valladolid, la tarde del 3 de mayo de 1927. Los albos cumplían su primera gira internacional, tras haber jugado en Ecuador, Cuba, México y Portugal. Frente al Real Unión, a los 35 minutos del primer tiempo, disputa una pelota y el rival al caer le da un puntapié en el estómago.

El nombre del jugador español se ha perdido en la noche del tiempo. Sólo queda el testimonio doloroso de Arellano, retirado en camilla. El golpe ha dañado sus intestinos y le provoca una peritonitis.

Muere en una cama del hotel Inglaterra, rodeado del llanto de sus compañeros. Como los cadetes de la Escuela Militar que desfilaron con sus uniformes rotos en Buenos Aires, tras la tragedia de Alpatacal, Colo Colo no suspendió la gira. Siguió jugando hasta junio en España, y de ahí volvió a Sudamérica para enfrentar a equipos de Uruguay y Argentina. Pero el luto sólo anima el deseo inconsciente de cumplir con los compromisos pactados, y los resultados de los partidos ya no importan.

En Chile se ha generado un emotivo sentimiento de solidaridad hacia ese equipo y su jugador mártir, característica tan propia del chileno. Y el fútbol, incipiente en su más tarde multitudinaria popularidad, acoge incondicionalmente a Colo Colo. Después de su fundación, la muerte de David Arellano es el segundo hito más importante que perfilará la historia colocolina. Porque si bien es cierto que perdió a un gran jugador y a una gran persona, no lo es menos que ganó, para siempre, el mejor de los símbolos.

(Fuente: Colo Colo, Alma de Campeón. Autor: Adamol)

Porque se llama Colo Colo así y su primer Uniforme

En la primera asamblea luego de su fundacion del 19 de abril de 1925, se plantean estos dos únicos puntos: nombre del club y uniforme del equipo, todo un ejemplo de sobriedad, pragmatismo y decisión. En el día fijado, la sesión se abre a las 10.30 horas.

Luis Contreras propone el nombre del cacique Colo Colo. Moción aceptada. A su vez, Luis Quiñones propone que la vestimenta sea una casaquilla blanca, con escudo a la izquierda del pecho, y pantalón negro.

El diseño de las medias corre por cuenta de Guillermo Cáceres: de color negro con franja blanca. El «cuartel general» será el mismo Estadio El llano, y se fija el miércoles como día de entrenamiento obligatorio, además de los domingos, siempre que no haya partido. Desde luego, como todo club que se precie, se mandó a confeccionar un timbre de goma.

(Fuente: Colo Colo, Alma de Campeón. Autor: Adamol)

Como se Fundó el Club Colo Colo de Chile

La fundación de Colo Colo, salvo en sus motivaciones, no difiere en nada a la que pudo tener cualquier club deportivo de barrio de nuestros días. Y en la década de 1920 la mayoría de las instituciones tendrían sí mucho que envidiarles a los clubes de las varias y bien organizadas ligas que compiten sábado y domingo en buenas canchas de la periferia capitalina.

El nacimiento del más popular equipo que haya conocido la historia del fútbol chileno es obra tan sólo de las circunstancias. El espíritu siempre rebelde de la juventud tiende a confrontarse con los mayores, a tomar derroteros propios y a imaginar políticas de cambios, cualquiera sea el medio en que se desenvuelva.

El 12 de abril de 1925, ese choque generacional hace crisis en la asamblea del club Magallanes, uno de los más antiguos del país. Sus ideas conservadoras respecto de cómo debía desarrollarse la actividad futbolística, ya en franca expansión popular por esos años, encontraron abierta resistencia en los jugadores jóvenes del plantel. Aunque se trataba de un deporte que en Chile se practicaba en forma amateur, pero con vicios y virtudes del profesionalismo ‘marrón» era preciso ordenar su actividad de manera seria, acorde con los tiempos que corrían.

Los hermanos David y Alberto Arellano, profesores primarios y de superiores quilates intelectuales que la mayoría de sus compañeros del primer equipo, captaron inspiradamente que el crecimiento del espectáculo, capaz de llevar varios miles de espectadores a un partido, no se compadecía con el sacrificio que muchas veces debían hacer los propios jugadores. El colmo se daba en algunos equipos, donde financiaban los gastos institucionales y pagaban una cuota por actuar. David Arellano, cuyas ideas eran conocidas por sus compañeros, fue postulado como capitán de Magallanes. Tal pretensión recibió la airada réplica de Santiago Nieto, el presidente interino.

Los Arellano y un grupo de jugadores conversaron respecto de una eventual renuncia al plantel y de la creación de un nuevo club— deciden dar la batalla final por sus convicciones.

EN EL «QUITAPENAS» NACE UNA LEYENDA

Los relatos de la época, trasmitidos por los protagonistas de la historia, familiares y amigos, y recogidos en escuetos párrafos de prensa, destacan por su sencillez y carencia de todo dramatismo. Quizá si ello, por si solo, explique la escasa importancia que aún se le daba al fútbol en este rincón del mundo. Pero en el seno de la asamblea magallánica de aquel 12 de abril hay evidencias de que los ánimos estaban más que caldeados y dispuestos a escindirse, unos, y a expulsar a los soliviantados, otros. Por eso, cuando Juan Quiñones, designado para hablar por los disidentes, no fue escuchado por Nieto y quienes lo respaldaban, el grupo se paró y abandonó la sala no sin antes alzar la voz para sentenciar: «¡Que jueguen los viejos!»

Puedes leer aquí: Por qué Colo Colo se llama así.

David y Alberto Arellano, Juan Quiñones, Francisco Arellano, Clemente Acuña y Rubén Arroyo —todos del primer equipo— rumbean, ya de noche, por Avenida Independencia, hacia la calle Panteón, que lleva al Cementerio General. En el trayecto son alcanzados por Nicolás Arroyo, Luis Contreras y Guillermo Cáceres, del segundo equipo, además de Luis Man-cilla y Eduardo Stavelot, del tercero, que se pliegan a la rebelión. Suman once, el número exacto de un cuadro de fútbol. ¿Coincidencia? Talvez.

En la esquina, frente al camposanto, está el restaurante «Quitapenas», de actual existencia. Entran aún mascullando su impotencia, y toman la decisión de fundar un nuevo club. Sugieren a Quiñones como presidente, y éste cita de inmediato a la primera reunión en el Estadio El Llano, para, el domingo siguiente, 19 de abril de 1925, quedar como fecha histórica de fundación del Club Social y Deportivo Colo-Colo.

(Fuente: Colo Colo, Alma de Campeón. Autor: Adamol)

Colo Colo en el Amateurismo

Eran los tiempos del amateurismo. Mirados en la retrospectiva, aquellos años de fundación y primeros torneos capitalinos «profesionales» no diferían mucho de lo que podrían ser hoy las competencias de cuarta o tercera división. Los nombres de los equipos de primer plano que componían la Liga Metropolitana ya dicen bastante para formarse una idea: Magallanes, Wande-rers, Audax Italiano, Unión Deportiva Española, Santiago Na-tional, Brigada Central, Eleuterio Ramírez, English, Primero de Mayo, entre otros. En 1925, cuando los hermanos Arellano lidera ron el grupo de jugadores escindidos de Magallanes para formar un nuevo club, el fútbol era sólo un pasatiempo dominguero. Sus cultores no cuidaban mayormente sus formas físicas y hasta hubo eviden-cias públicas de que varios integrantes de los equipos llegaban en estado intemperante a jugar los compromisos «oficiales».

Pero Colo Colo creó nuevas pautas de conducta deportiva, dentro y fuera de la cancha, que para la época representaban los primeros síntomas de profesionalismo. La seriedad y sentido docente de los hermanos Arellano le dieron un rostro nuevo a lo que habían sido hasta la fecha los equipos criollos. Se estima que David Arellano —profesor primario— fue el primer entrenador que reunía las condiciones técnicas y humanas para desempeñarse como tal en nuestro medio. Y en la práctica fue así: Colo Colo entrenaba a mediados de semana, no se iban de farra el sábado por la noche cuando tenían partido el domingo; su vestimenta deportiva era impecable; su corrección durante el encuentro, el respeto por el rival y una disposición para jugar los noventa minutos con la misma intensidad y espíritu aguerrido, que nada tiene que ver con la violencia con que se llegó a practicar el fútbol «moderno» décadas después.

Un cuadro con tales características tardó poco en imponerse y al mismo tiempo en concitar expectación y una consecuente adhesión. Los triunfos transformaron a Colo Colo en sinónimo de espectáculo.

Pocos meses después de su fundación, ya los albos realizaron una gira por el país para mostrar las bondades de su juego. De Arica a Magallanes sembraron las primeras semillas de su popularidad nacional, que se ha mantenido inalterable hasta nuestros días. En su hoja de logros de los primeros años, aun en el amateurismo, se consignan los títulos metropolitanos de 1928, 1929. y 1930.


(Fuente: Colo Colo, Alma de Campeón. Autor: Adamol)