Jorge Gibson Brown, el Primer Gran Jugador Argentino

Jorgito Brown, fue el el primer gran jugador del fútbol argentino. Se destaco ampliamente sobre el resto en las primeras décadas del siglo XX, jugando para el Alumni A. C. y para los primeros combinados de lo que posteriormente seria la Selección Argentina.

Puedes leer aquí: Las bases donde se fundó el Alumni A.C.

Algún día habrá de verse en la casa de la entidad rectora del fútbol, junto al del organizador indiscutido, don Alejandro Watson Hutton, el busto de aquel otro caballero del deporte, hidalgo y hábil como pocos. Y entonces, realizado el merecido homenaje, tendrán jugadores y aficionados, directores y referees, plasmada en el bronce o en el mármol, a una figura que fué ejemplo y seguirá siéndolo en una de las manifestaciones atléticas que por ser la que más vigorosamente prendió en el alma y en las preferencias populares, más necesita perpetuar la memoria ilustre de los que pasaron por los campos de juego alentados sólo por el más encumbrado ideal y animados, únicamente, por el más fervoroso propósito de evidenciar que no son antagónicos la corrección caballeresca y la habilidad deportiva.

Así como en Otras manifestaciones hacen falta estos modelos, dignos de perdurar, el fútbol los necesita más que ningún otro deporte, con más perentoria urgencia, para que en medio de las dificultades que provoca y de los problemas que plantea, se levante, erguida en su arrogancia y fuertemente afirmada en su moral, la personalidad varonil de uno de sus grandes exponentes.

Caballero del deporte. Señor de los fields. Su nombre y sus hazañas forman las mejores páginas del fútbol argentino, brillantes por la magnitud de sus proezas, auténticamente gloriosas por la ejemplar gravitación de la austera moral que las animó. De ese cuño, de esa estirpe, de esa hidalguía, quiso Mr. Watson Hutton que fuesen los misioneros del deporte que él formara a su imagen y semejanza.

Ninguno. auizá, más completo que Jorge G. Brown. Habilísimo en lo deportivo, intachable en su concucta. El tipo perfecto del gen. tleman. En la segunda de la E. H. S., (centre forward) dejó vislumbrar desde muchacho lo que iba a ser. Egresó del instituto con un caudal que no tardó en fructificar. El Club Palermo (1896) fué el primero en contarlo en sus filas. En 1897, 1898 y 1899 actuó en el Lanús. Al año siguiente (1900) integró el equipo de la primera divi

sión del E. H. S. A. C. Estuvo alejado de los fields en la temporada de 1901, precisa

mente en el año en que se produjo el cambio de aquel nombre por el de Alumni; pero a partir de 1902 hasta 1911 en que el gran cuadro se eclipsó voluntariamente, Jorge fué el principal sostén y el

más prestigioso defensor de la divisa albi-roja. Popular como ninguno, respetado como pocos y apto para todos

los puestos, actuó al principio de half y de forward, alternativamente, afianzándose en el centro del ataque gracias a una cualidad sobresaliente: su asombrosa velocidad (10” 1/5 en las 100 yardas, con botines de fútbol) y a la potencia de su tiro, rasante y bien dirigido.

En 1905, luego de haberlo hecho transitoriamente, pasó a actuar de back, a la izquierda en algunas temporadas y a la derecha, más tarde, su puesto definitivo, en el cual cosechó lauros y simpatías, individualmente y en pareja con su primo Juan D. En la zaga era muy celebrada aquella “su famosa vuelta” hecha frente mismo al atacante. Lo “corría de atrás”, se le ponía a la par y aventajándolo algunos metros para distanciársele, giraba, y le “salía al encuentro”. Según

los casos, alejaba libremente la pelota, o se la cedía a Juan, o en último extremo, se la pasaba al guardavalla mientras él “cuidaba al

hombre”. Desaparecido Alumni, se alistó en el Quilmes A. C. (1912 a 1914).

Jugó su último partido internacional el 6 de septiembre de 1914, contra el Torino, clausurando este aspecto de su carrera iniciado el 20 de julio de 1902 (Montevideo) fecha en que vistió por vez primera los colores argentinos (entonces camiseta celeste y pantalón blanco). Fué el winger izquierdo de nuestro team.

De 1914 hasta 1927 siguió jugando al fútbol en la Liga de los sábados. En reconocimiento de sus grandes condiciones de brillante deportista la Asociación le designó capitán de los seleccionados (1908 a 1914) cargo que Jorge ejerció con la dignidad propia de su

corrección y de su experiencia. En 1908 y 1912 jugó en el Brasil, y en 1913 en Chile, integrando

las delegaciones futbolísticas enviadas a esos países hermanos. Según un cronista deportivo que durante muchos años actuó en los diarios escritos en inglés, y que firmaba con el seudónimo de Lancastrian, Jorge Brown no tenía quien lo igualara en tiempos de su apogeo de back derecho, no solamente aquí, sino también en Gran

Bretaña.

Decía Lancastrian, que de haber tenido la ventaja de concurrir a las grandes universidades del Reino Unido habría alcanzado los más altos honores en el fútbol y en el rugby, deporte este último que también practicó brillantemente llegando a ser varias veces inter

nacional. Con su juego –opina Carlos Lett“llenaba el ojo del público”. Pero Jorge Brown se distinguió asimismo en el cricquet. A juicio de su hermano Guillermo H., su juego carecía de la técnica de los jugadores ingleses, pero su excelente vista, su velocidad, su potencia y

elasticidad suplían con creces tal falta. Por muchos años mantuvo el récord de centenares de corridas en partidos oficiales, y sus proezas de “aplicar leña” contra los mejores boleadores se recuerdan hoy en cualquier partido de cricquet donde se reunen los cracks de antaño. En otros aspectos del juego, como ser “fielding”, su gran velocidad y su seguridad de manos lo colocaron entre los mejores exponentes de esta rama del gran deporte estival.

Fué durante muchas temporadas Capitán del Buenos Aires Cricquet Club, y su presidente durante más de diez años.

En los anales del cricquet argentino perdura su memoria como un noble Capitán, que no recurría nunca a la táctica o a la picardía. Más bien era demasiado considerado con el adversario. Dirigía su equipo como un cabal deportista.

Socio del Lomas, lo fué y con carácter vitalicio del Gimnasia y Esgrima, al cual ingresó el 12 de septiembre de 1908 designándosele con aquel carácter por resolución de la Comisión Directiva (5 de enero de 1927). También perteneció al Belgrano A. C. (1913 a 1935).

Referee de la Asociación de Fútbol y del primer campeonato del ejército; seleccionador, representante de Alumni ante aquella entidad, capitán de Alumni y de los seleccionados argentinos.

Falleció en San Isidro, Buenos Aires, el 3 de enero de 1936. Había nacido en San Vicente, provincia de Buenos Aires el 3 de abril de 1880.

Entre los actos que se realizaron en su memoria, recordamos, en primer término, el cumplido en la noche del 11 de enero de 1936 en el estadio Centenario (Montevideo), en ocasión de jugar por el torneo nocturno internacional, Independiente y Nacional (0 a 0).

A los 30 minutos se suspendieron las acciones, apagáronse las luces, y en la torre de los homenajes se encendió un letrero luminoso con el nombre del extinto. Público y jugadores guardaron un minuto de silencio.

La Liga Uruguaya al enviar sus condolencias a la Asociación del Fútbol Argentino, expresaba el pesar producido por la desaparición de “este deportista y jugador extraordinario, desinteresado y de in< variable caballerosidad, que tanto contribuyó con la calidad de su juego y de su espíritu al engrandecimiento del fútbol rioplatense”.

Por eso la entidad uruguaya se consideraba “deudora del extinto, entendiendo que la presencia de tan excepcional deportista, fué uno de log factores del progreso del fútbol en nuestro país”.

Por su parte los miembros del Consejo directivo de la AFA en su reunión del 8 de enero (1936) se pusieron de pie, luego de algunas palabras de afectuosa recordación pronunciadas por D. Bernabé López, delegado de Talleres. El presidente de la reunión, D. Mario Sureda, informó de las disposiciones adoptadas: el envío de una corona de flores, y una nota de pésame a la familia.

El 12 de enero (1936) la comisión organizadora del torneo nocturno internacional resolvió que el ganador del certamen se adjudicara un trofeo que llevaría el nombre de JORGE G. BROWN; y la asamblea del Club Almagro, después de ponerse de pie, decidió por unanimidad, colocar el retrato de aquél en la sala de sesiones de la institución.

(Extracto del libro Alumni, Cuna de Campeones y Escuela de Hidalguia por Escobar Bavio).

El Fútbol argentino antes y después de A. W. Hutton

Al llegar el señor Watson Hutton a nuestro país, ya se practicaba fútbol deficientemente, pues ya se le conocía junto con otros deportes, aun cuando las actividades eran escasas por haber comenzado a declinar el entusiasmo.

Puedes leer aquí: Alexander Watson Hutton, El padre del Fútbol Argentino.

LA ORGANIZACION DE LOS TORNEOS

La revista “Tiro «Federal Argentino” publicó en su número de julio de 1933 las siguientes opiniones de Ernesto A. Brown:

“Si bien es cierto que existe la constancia de que el football association se practicó en la Argentina con anterioridad a la fundación de la English High School por el señor Watson Hutton en el año 1884, los matches fueron aislados y con largos intervalos; pero a partir de esa fecha se pensó en la organización de los torneos”.

ERROR GENERALIZADO

Indudablemente Alejandro Watson Hutton no ignoraba que había tenido precursores en la tarea de dar a conocer entre nosotros tan útil manifestación atlética, y, “sportsman’” a carta cabal, el mismo lo reconocía y lo proclamaba:

“Como al llegar a Buenos Aires hacía ya diez años que se jugaba al fútbol en esta ciudad, Mr. Watson Hutton expresaba a menudo * en “The Standard”, diario que registra partidos jugados continuamente desde 1867, que era un error decir que él había sido el verdadero introductor del juego en el país; pero su observación, rasgo de modestia, no impide que hayan sido su previsión y su iniciativa las que lo impusieron en las escuelas del país y permitieron la formación de los grandes jugadores de las últimas décadas desde la fundación de la English High School”.

“Es así que, si bien Mr. Watson Hutton no fué en realidad el fundador del fútbol en la Argentina, hizo mucho por fomentarlo incluvéndolo entre los juegos escolares”.

Todavía suele circular la versión según la cual se atribuye al fundador del viejo colegio el haberse considerado como el introductor del gran deporte en Buenos Aires, y las palabras reproducidas, al poner las cosas en su sitio, destruyen un error que conspira contra la verdad de los acontecimientos y la rectitud de aquel caballero.

La situación del fútbol hacia la llegada de Mr. Watson Hutton a la Argentina puede concretarse en este cuadro:

-1867 Fundación del Buenos Aires Football Club, (Calle Temple número 46, hoy Víamonte, Y de Av. de Mayo).

-1867 Primer match con el cual aquella entidad inició sus actividades (20 de junio).

-1867 Partido revancha del anterior (29 de junio).

-1868 Encuentro entre los bandos de Tomás Hogg y W. Heald (24 de junio). “Una de las causas que indudablemente influyeron más en el arraigamiento de este deporte fué la rivalidad creada entre el bando de Hogg y el de Heald, cuyos capitanes contaban con numerosos partidarios”.

-1868 Partido desquite del anterior (9 de julio).

-1870 a 1880 Se carece de información respecto a la práctica del fútbol en esta década, por lo que se supone que se habrían interrumpido los partidos, o al menos se realizarían con prolongados intervalos.

HABIA QUE EMPEZAR DE NUEVO

Al venir Mr. Watson Hutton, los esfuerzos iniciales de los miembros del Buenos Aires Football Club, entusiastamente encabezados por el lider Tomás Hogg, se habían apagado, y era indudable que hacía falta despertar las energías dormidas al cabo de las primeras tentativas; impedir que la iniciación se malograse; reiniciar la obra, entonces apenas bosquejada, y que tras los comienzos cayó como en un letargo durante muchos años.

EL “FUNDADOR” DEL FUTBOL

No es posible seguir adelante sin evocar la figura de aquel a quien se ha llamado, merecidamente desde luego, el “fundador” del fútbol y de los juegos atléticos en la República Argentina, el ya mencionado Tomás Hogg, tenaz difundidor deportivo en nuestro país. y uno de sus grandes servidores extranjeros.

PARA QUE GERMINE LA SEMILLA

Con sus reiterados esfuerzos, con su comprensión de la realidad, Mr. Watson Hutton sacó al embrionario fútbol de aquel estancamiento que todavía amenazaba prolongarse. Y trabajó con bríos, voluntad, y fe irrenunciables para que no quedase atrás con respecto a los otros deportes.

El fútbol que él y sus colaboradores enseñaron desde 1884 en la English High School, era el “association puro”, perfectamente decantado, limpio de los vestigios de rugby con que recelosa y pintorescamente, comenzó a practicarse en la República Argentina, y con una “técnica” no sólo ajustada a las leyes del juego, sino “bien interpretada”, de acuerdo con el perfeccionamiento logrado en Gran Bretaña, y con una experiencia trasmitida sin deformaciones, directamente.

No es arbitrario considerar a la época que comienza en 1884 como a la de la iniciación del “verdadero fútbol association”, después de haber quedado sólo en el recuerdo las “tentativas” los “ensayos” anteriores, muy meritorios, muy honrosos para sus propulsores, como suma de esfuerzos y aspiraciones inolvidables; pero el fútbol de Mr. Watson Hutton, es el fútbol de 1884, de 1890, de 1900, de 1920, de 1930… es el fútbol de la actualidad, con sus variantes en el estilo, en las tácticas, en la “presentación”, y desde luego en su espíritu, en su alma, el mismo en su trabazón, en sus alcances, en sus posibilidades, en su raíz, en su esencia.

Puedes leer aqui: 1867 El primer partido de Fútbol en Argentina.

(Extracto del libro Alumni, Cuna de Campeones y Escuela de Hidalguia por Escobar Bavio).

Se consolida la B.A.E.H.S. como la mejor escuela de Argentina

La Pencliffe House no es tampoco lo ideal. En 1892 la escuela se instala en “la quinta Garrigós, en Santa Fe 3590 tras de haberla obtenido el Director por un prolongado arrendamiento”.

Allí se reanudan los cursos el 3 de febrero del precitado año, y al comenzar los correspondientes a 1893, también el 3 de febrero, Mr. Watson Hutton recuerda que “es la mayor escuela particular del país, con capacidad para 50 internos en la casa y 500 alumnos en el instituto”.

El local posee jardín con cancha de lawn-tennis para las niñas, y de cricket y fútbol y gimnasio para los varones; y disponiéndose de un terreno de manzana y media, podrán recibir un gran impulso los juegos atléticos. El director de la English High School, no desea otra cosa; está esperando con inocultable impaciencia el momento propicio, y sabe sacar partido de tal situación, en momentos en que el aporte de los padres, es cada vez más importante, por haber comprendido cuáles son las ventajas de una educación cuyos magníficos frutos ya empiezan a sazonar. Entonces no vacilan en confiar sus hijos a la tutela de tan respetable personalidad.

ALENTANDO LAS ESPERANZAS DEL FUNDADOR

El año 1898, ha sido “el mejor que registra la historia del Instituto”, dice en 1899 el señor Watson Hutton, y agrega: “La escuela fué establecida en febrero de 1884 para ofrecer educación a niños y niñas residentes en la República Argentina. Desde entonces, su existencia ha estado justificada con creces y ha hallado aliento superior a las esperanzas de su fundador, cuyos esfuerzos han tendido a hacer que su progreso mantuviera el ritmo de su creciente prosperidad. Continúa, pues, siendo como antes, la mayor, más aireada y saludable escuela privada de Buenos Aires y sus alrededores”,

LA SUPREMA ASPIRACION

Y claro está, en sus palabras no pueden faltar, tratándose de un enamorado dela cultura física, sus referencias a ella:

“Para reforzar mejor el “Club Atlético” de la escuela y beneficiar a los ex alumnos, el Rector tomó el año pasado (1898) en arrendamiento, la nueva cancha de cricket, fútbol y tenis en la estación Coghlan, de aproximadamente seis manzanas y que, gracias a la bondadosa ayuda de padres y amigos, ha podido preparar para la realización de toda clase de juegos atléticos”.

No le han parecido tampoco suficientes a Mr. Watson Hutton los gimnasios, ni las canchas deportivas disponibles. Ha creído indispensable la fundación de un “Club Atlético” perteneciente al mismo colegio; y como el terreno en uso no basta para desarrollar una labor de mayor trascendencia, ha arrendado seis manzanas de campo, no sólo para sus discípulos, sino también para sus “ex alumnos”, estableciendo desde ese mismo momento un vínculo indisoluble entre el viejo instituto y cuantos frecuentaron sus aulas, como si en aquel propósito sin aparentes ulterioridades estuviese en formación, germinando ya, el formidable club de los antiguos graduados, el gran ALUMNI, que habría de proporcionar al maestro la inigualable satisfacción y la grata recompensa de ver pasear triunfantes por los fields argentinos y del Uruguay, inmaculados y gloriosos, los colores del famoso colegio.

CONTRIBUCION AL ENGRANDECIMIENTO DEL PAIS

Incurriríamos en una apreciación parcial si considerásemos a la English High School como un organismo concretado al cumplimiento de una gran acción deportiva, que ya sería bastante para justificar su renombre.

Es natural que en un libro destinado a rememorar la vida de uno de los más altos exponentes del fútbol argentino, formado en aquellas aulas, destaquemos, antes que otro, ese aspecto, lo que no nos autoriza a reducir el enfoque, pues sería circunscribirse a una parte de la influencia del colegio en la vida argentina.

SABIA FINALIDAD

Por ser un instituto cuya finalidad había sido sabiamente concebida e inteligentemente estudiada por su creador, con una certera visión de otras necesarias orientaciones educacionales; como tuvo en él al conductor que arremetió contra todos los prejuicios y todas las dificultades, terminó por imponerse, demostrando que la unión entre la cultura física y la exclusivamente intelectual tenía como feliz resultado el proveer a la sociedad de hombres orientados bajo el imperio de rígidos principios de moral, de dignidad, de altivez.

Fueron inculcados con el ejemplo y con la autorizada perseverancia de quien podía ofrecer como muestra intocable de su elogio verbal, la propia capacidad y la propia conducta.

Las jóvenes conciencias y los jóvenes cerebros recibieron aquel aliento vigorizador en el instante en que ante ellos se tendía la vida con todos sus secretos, a manera de larga senda cuyo final se perdía en la enorme perspectiva del amplio horizonte, y lo guardaron como el inapreciable patrimonio del cual necesitan todas las aptitudes y todas las vocaciones para no caer derribadas por el alud de la áspera lucha. Reconforta, como exteriorización de justicia, comprobar cómo los ex alumnos de la English High School tienen a flor de labios la palabra afectuosa de gratitud, de reconocimiento póstumo y emocionado, la frase de cariño y de simpatía, porque cumplida ya buena parte de la trayectoria, en un momentáneo alto del camino recorrido, creen oír todavía resonando en el aula, en el gimnasio o en el campo atlético, con la firme autoridad docente de su prestigio, la voz del maestro reiterando el consejo e insistiendo fuertemente, inquebrantablemente, en la lección de ética.

Más de 7.000 estudiantes -(la cifra fué dada a conocer en 1933 en ocasión del jubileo del insigne preceptor) habían pasado por la vieja English High School; más de 7.000 conciencias y más de 7.000 corazones habilitados para encontrar en la vida la orientación adecuada a cada posibilidad, sin vacilaciones, sin angustias, con serenidad y con entereza.

Tal en números aproximados, el aporte cuantitativo. La contribución cualitativa alcanzó destellos de brillante colaboración al engrandecimiento moral y cultural del país en esa “pre-tarea” de la preparación capacitante para actuar con desenvoltura y con firmeza.

(Extracto del libro Alumni, Cuna de Campeones y Escuela de Hidalguia por Escobar Bavio).

1886 – B.A.E.H.S. se muda por primera vez a Barracas

Pronto resulta inadecuada la vieja casa que abrió sus puertas en febrero de 1884 en la calle Perú 253-257.

Dos años después, en 1886, la escuela es trasladada a Barracas. Según los términos de un aviso, “El Rector ha tenido la fortuna de conseguir la grande y nueva casa que se conoce por “Pencliffe House”, en la avenida Montes de Oca número 21, sobre la barranca y aproximadamente a tres cuadras de la Plaza Constitución, y que en la actualidad ocupa Mr. George Cooper”.

Era en las cercanías del Hospicio de las Mercedes, y “según el mismo señor Watson Hutton lo dijo alguna vez” para los detractores del sport no fué exceso de suspicacia la de algunos que vieron con sorpresa el desarrollo de un match y que ignorantes de la finalidad perseguida y de las reglas del juego, creyeron hallar una relación lógica entre la vecindad del field y la del manicomio”

Buenos Aires English High School, la Escuela del Fútbol Argentino

Buenos Aires English High School. Con ese nombre se incorpora a la docencia argentina un establecimiento educacional, modelo por sus características, fecundo y prestigioso por los resultados de su encomiable enseñanza.

Es una academia para alumnos de ambos sexos, como pupilos, medio pupilos y externos, y ocupa un modesto local en la calle Perú 253-257, una vieja casa con tres patios donde los alumnos practicarán fútbol iniciándose en el adiestramiento de un deporte totalmente desconocido para ellos, y se perfeccionarán, además, en romper vidrios de puertas y ventanas acicateados por el ejemplo del propio director, que “era quizá quien contribuía en mayor proporción al sostenimiento de vidrieros y dueños de ferreterías”.

Aquella denominación se mantendrá hasta 1893, inclusive, pues en un anuncio publicado el 30 de diciembre de ese año, aparece por vez primera el nombre de English High School, sin el agregado distintivo de su sede, y se mantendrá a partir de entonces hasta el alejamiento definitivo de Mr. Watson Hutton, aunque años más tarde, ya desaparecido el ilustre fundador, el instituto volverá a llamarse: Buenos Aires English High School.

En reseñas, en informaciones y en trabajos periodísticos se da como fecha del comienzo de las clases, la del 4 de marzo de 1884. Es un error, según se verá.

Ya el 1º de enero de 1884, en un aviso inserto en “The Standard”, se informa que “las clases comenzarán el lunes 4 de febrero y que la “reunión” de alumnos se realizará el viernes 1º”.

La víspera de este último acontecimiento -(31 de enero)- el Rector Mr. Watson Hutton, hace saber que el acto se efectuará a las 10.30, “esperando que para entonces estén presentes todos los alumnos”, e “invita sinceramente a concurrir a los padres y a los tutores”.

Puedes leer aquí: Alejandro W. Hutton, el Escocés que nos regaló la pasión por el fútbol.

“Ayer inició los cursos la nueva High School de Mr. Hutton en la calle Perú, con un gran acto”, dice “The Standard” del 2 de febrero al hacer la crónica de la ceremonia.

“La gran cantidad de alumnos y sus padres allí presentes, agrega, demostraron que la nueva escuela se ha asegurado un firme apoyo desde el comienzo”.

“El Rev. doctor James Smith abrió el acto con un elocuente discurso que fué seguido por otro, excelente, de Mr. Hutton, en el cual éste expresó que la escuela será dirigida de acuerdo con el mismo sistema de la Scotch School, siendo la estricta disciplina y la más elevada moral los dos aspectos principales, que impondrá como esenciales para el eficaz estudio de los jóvenes.

Mr. Hutton hizo referencia con términos sumamente amistosos a la Saint Andrews School, y pidió para ella y sus maestros tres hurras que fueron dados con cordial buena voluntad”.

“Terminó con ello el acto, y niñas y niños pasaron a ocuparse de sus estudios”.

La crónica se cierra con este augurio, brillantemente confirmado por los hechos:

“Mr. Hutton ha comenzado con los mejores auspicios y puede contar con el éxito”.

Y la Buenos Ajres English High School entra de lleno, el 4 de febrero de 1884, día de la iniciación de los cursos, a convertir en realidad el concepto fundamental de su existencia, el fin inconfundiblemente práctico y humano de su labor:

“No importa que sean pocos; lo interesante es que sean capaces».

Por eso se impone por sobre cualquier otro propósito, el de la más rigurosa selección. No se trata de cerrar a nadie, injustificadamente, las puertas del colegio, ni de estrechar y reducir sus filas para crear un círculo poco menos que inaccesible por virtud de molestas preferencias.

El propio Rector ya ha explicado en el acto inaugural de las clases, la razón de ser de una exigencia que no admitirá renunciamientos ni excepciones.

Lo reitera indirectamente en 1885, antes de darse comienzo al segundo curso escolar, al escribir que “el año anterior se rechazaron 39 solicitudes”, y vuelve a destacarlo en 1899, ya sólidamente encaminado el instituto hacia su engrandecimiento intelectual y hacia su promisoria influencia moral: “los solicitantes indeseables son rechazados de plano”.

Pertenecen al señor Watson Hutton estos conceptos que difundidos aquel mismo año de 1899 bajo su firma, transcribimos en seguida, porque muestran claramente a dónde deseaba llegar el preceptor, y resumen, por lo demás, los principios en los cuales se inspiraba su acción pedagógica:

“Es una escuela selecta en todo el sentido de la palabra. Las fallas de carácter y de -conducta, cuando se las considera demasiado graves para ser corregidas o contenidas, traen como consecuencia la inmediata expulsión”.

“Merece atención especial la formación del carácter de los alumnos y cada uno de ellos individualmente es merecedor de la fiscalización del Rector, quien emite informes mensuales sobre el comportamiento en clase, el progreso general y la conducta de cada alumno.

“En una palabra, esta institución ofrece a sus alumnos una educación de primera categoría, capacitando a las niñas para ocupar un lugar en sociedad, y a los niños para seguir actividades comerciales y para las universidades de Escocia e Inglaterra. Aunque la escuela no está incorporada al Colegio Nacional, puede, en caso necesario, preparar alumnos para dar examen en primero y segundo años”, La Buenos Aires English High School se destaca desde el primer momento por la alta calidad y por los valiosos antecedentes intelectuales y morales de sus profesores, y sólo citaremos por ahora a aquellos dos sobre quienes recaían las mayores responsabilidades directivas, pues ya nos referiremos a otros maestros igualmente capacitados que secundaron al fundador, con brillo y dignidad, y cuyos títulos otorgados por Universidades y Colegios extranjeros universalmente célebres, dieron al Instituto local una fisonomía inconfundible, y a la cultura argentina, una inestimable colaboración.

Don Alejandro Watson Hutton era profesor de Humanidades (con Honores en Filosofía en la Universidad de Edimburgo; miembro del Instituto Educacional de Escocia; primer premio en ensayos (temas educacionales) en la Universidad de Edimburgo (1879-1880) y durante más de ocho años maestro del Colegio George Watson, en Edimburgo. Mrs. Hutton era “maestra certificada por el Gobierno”; “Queen’s Scholar de la Normal Training College de Edimburgo” y profesora principal durante más de siete años en el Colegio George Watson.

Dos de los tres patios del edificio, fueron convertidos, uno, en gimnasio para los varones y el otro en cancha de tenis y sitio de recreo para las niñas. Las mejoras que Mr. Watson Hutton introdujo en los locales, evidencian su constante preocupación por perfeccionar todos los elementos necesarios para las prácticas deportivas y para el progreso de su escuela.

Los arcos de la “cancha” los constituían la arcada del zaguán que comunicaba con el segundo patio y la puerta sobre la calle Perú. Un buen día en que el juvenil entusiasmo de los inquietos muchachos ponía ruidosa algarabía en un partido tenazmente disputado, Brown fué arrojado a plena calle Perú por el vigoroso ímpetu de un recio ataque… La ofensiva barrió con el guardavalla. Finalizó más allá de la vereda…

Los sucesivos traslados de la Buenos Aires English High School obedecen también a ese anhelo que trasunta la constructiva nerviosidad, la inquietud permanente, la tenacidad del maestro. Nunca estará satisfecho. Siempre creerá que falta algo por hacer.

(Extracto del libro Alumni, Cuna de Campeones y Escuela de Hidalguia por Escobar Bavio).