Los Muchachos Fundadores de Boca Juniors

(Extractos del libro: Historia de Boca Juniors. 1956)

Tres eran, como decíamos, los jovencitos en quienes la novedad produjo más honda impresión: Esteban Baglietto, Alfredo Scarpatti y Santiago Pedro Sana.

Puedes leer aquí: Así Nacio Boca Juniors.

Los tres vivian en el barrio de la Boca, donde ya otros muchachos correteaban por las calles polvorientas o adoquinadas, disputándose la pelota de goma, de trapo o de papel con gritos que atravesaban las paredes de las típicas casitas de madera y zinc, dejando sin dormir la siesta a los tranquilos vecinos del pago xeneise…

Baglietto, Scarpatti y Sana, aprovechando las lecciones recibidas en el colegio, transportaron a su barrio la chispa del fuego encendido en la cancha de Estudiantes. Fueron algo así como los gallardos portadores de la luminosa tea que se enciende al calor del sol del Olimpo y hace que Grecia esté presente siempre durante la disputa de los Juegos tradicionales, cualquiera sea el lugar del mundo donde se encuentre el escenario de la clásica competencia.

Los primeros en sentirse atraídos por el calor de ese mensaje llevado por los tres alumnos del Comercial fueron los hermanos Farenga, Juan Antonio y Teodoro.

—Entre nosotros y esos que juegan en la calle podemos fundar un club y buscar una cancha.

Así Nacio Boca Juniors

(Extractos del libro: Historia de Boca Juniors. 1956)

El acto de fundar un club tan común en Buenos Aires a principios del siglo XX, puede significar un hecho sin importancia alguna y puede convertirse en un acontecimiento de trascendencia histórica.

Uno y otro extremo dependen exclusivamente del tiempo.

Si el club tiene corta vida, si no prospera ni alcanza prestigio y popularidad, el episodio mismo de la fundación y sus protagonistas se pierden inexorablemente en el olvido.

En cambio, si el destino se muestra propicio y el club se convierte con los años en una institución poderosa, de arraigo en el pueblo, de preponderancia en la actividad deportiva del pais, entonces el episodio de la fundación cobra un valor inestimable y sus protagonistas adquieren perfiles de próceres.

¡Cuántos y cuántos clubes se habrán fundado al mismo tiempo que Boca Juniors, con la misma fe, con igual entusiasmo, para perderse luego en el olvido total tras una vida fugaz! ¿Y en estos momentos, cuántos y cuántos clubes estarán naciendo en todo el territorio del pais, dispuestos sus creadores a llevarlos hacia adelante para convertirlos también, a fuerza de luchas y sacrificios, en las poderosas instituciones deportivas del mañana?

Basta que en un barrio cualquiera, en cualquier esquina se junte un grupo de muchachos para Jugar al fútbol, al basquet o al ajedrez y que de pronto uno de ellos proponga organizar ese grupo, darle forma, nombrar dirigentes, ponerle nombre y fundar el club.

El momento es solemne, pero su trascendencia depende del futuro. Si la obra marcha y de aquel pequeño núcleo surge una gran institución, entonces resultará de suma importancia conocer los detalles del pequeño hecho de la fundación: quiénes formaban aquel núcleo inicial, a quién se le ocurrió la idea de convertirlo en club, dónde se reunieron, quién propuso el nombre, qué colores se eligieron…

ASÍ NACIÓ BOCA JUNIORS…

Para narrar el “hecho pequeño” de la fundación de Boca Juniors tenemos que seguirles los pasos a tres jovencitos que en los primeros años del siglo cursaban estudios en la Escuela Nacional de Comercio, Bartolomé Mitre 1364, dirigida entonces por el doctor Santiago Fitz Simmons, entusiasta cultor y propagandista de los deportes, auténtico propulsor que introdujo la práctica de la educación física en aquel establecimiento educacional.

La designación de profesor de esta novedosa materia recayó en una figura muy querida, simpática, de rasgos personales pintorescos y que gozaba ya de sólido prestigio en el reducido ambiente deportivo: el irlandés Paddy Mac Carthy.

Futbolista y boxeador, Mac Carthy fué uno de los muchos miles de extranjeros que vinieron a la Argentina con el propósito de pasar aquí una temporada y se quedaron para siempre.

Terminada su campaña activa como jugador y pugilista, continuó brindando el aporte de su experiencia como entrenador, profesor y referee, en ambos deportes, y hasta hace muy poco tiempo desempeñó tareas de empleado municipal como inspector de espectáculos.

¡TAN LINDA MATERIA!

Este personaje entró en funciones en el Colegio Comercial y conquistó de inmediato las simpatías de los alumnos.

¡Era tan linda la materia que enseñaba! Nada de libros, nada de preguntas, nada de deberes… Mac Carthy daba clases de gimnasia y las matizaba con algunos “tiritos” de boxeo y práctica de fútbol.

Tenia un “sistema” personal. Llevaba a sus discipulos a la vieja cancha del Club Estudiantes (todavia en construcción), impartia una breve clase teórica en la casilla y luego, una vez en el field, echaba a rodar la pelota y salia corriendo con ella, mientras les decia a los muchachos: “¡Ustedes perseguirme para quitármela!” Y los chiquilines partían en bandada atrás del maestro, empujándose para llegar antes y apoderarse del juguete embrujado. Esas fueron las primeras lecciones.

Después, a medida que los estudiantes iban progresando en la práctica y en el conocimiento de las reglas del juego, Mac Carthy fué poniendo orden, formando equipos y organizando partidos.

Puedes leer aquí: Los Muchachos Fundadores de Boca Juniors.

Como era La Boca nacio en la Boca

¡Boca!… El pueblo le dió su acento. El barrio le dió su nombre. La singularidad del club está identificada con la singularidad del escenario en que nació. Quienes hayan conocido ese arrabal porteño a principios de siglo, exactamente en 1905, han de saber bien que los años modificaron en parte la fisonomía edilicia.

Muchas de las típicas casilas de madera y zinc fueron desplazadas por modernas construcciones. Aquellas cortinas de estera que se recortaban sobre el estrecho balconcito dieron paso a las celosías metálicas de hoy en dia.

A los tranvías y coches de plaza que entonces transitaban por sus calles los suplantaron, aunque no del todo, los colectivos, ómnibus, trolebuses, taxis y automóviles particulares. Los viejos corralones, que servían de albergue a las “victorias” y a los caballos, esos corralones que eran como un juguete para la purretada del barrio, que en cada inundación los usaba a manera de amplia ensenada para sus barquichuelos de papel, ya no echan a la calle el característico aroma del pasto.

Su puesto fué reclamado por estaciones de servicio. Las avenidas y calles, hoy pavimentadas con asfalto en vez del adoquín o la tierra natural, se han ido nivelando. Ya no hay en las veredas tantos altibajos, tantas escaleritas, y al caminante se le hace más llevadero el paseo, aunque también menos pintoresco…

El crecimiento de las aceras dejó a muchas casitas bajo el nivel del suelo y han quedado como testigos del ayer que se asoma, agachado, a contemplar el panorama de la actualidad. O como chiquilines pobres que espían a través de los cristales, con las narices achatadas, el interior de las casas de ricos en dia de fiesta.

Si. Físicamente la Boca ha experimentado una transformación. Pero su espíritu y el de sus habitantes sigue siendo el mismo de siempre, el de la época en que constituía un lugar de turismo para los ciudadanos de otros puntos de la metrópoli. Porque si de algún barrio de Buenos Aires puede afirmarse que tiene personalidad, que ofrece caracteristicas propias, únicas, inconfundibles, ese no es otro que la Boca, la que poco caso le hizo a Pedro de Mendoza y prefirió ser genovesa para entonar canzonetas.

Ahí hablaron en xeneise los japoneses y los chinos. La Vuelta de Rocha mantiene todo su embrujo y la parla de Liguria se escucha aún en las casas, en las calles, en los cafés, en las tribunas…

El mensaje de luz lo proyectó en sus telas Quinquela Martin. Y por la angostura del “caminito” —Estrecho Filibertoreliquia histórica, transitan melancólicos los cánticos populares que concibió Juan de Dios.

El Equipo de Boca Juniors de 1910

Aquella solemnidad ante el aviso ceremonioso del fotógrafo ha desaparecido en nuestras actuales instantáneas, tan ligeras como reiteradas. Pero aquellos tiempos suponian otras actitudes, era el 1910, y sobre todo, tratándose de un elenco de campeones.

Vemos a L. Dollenz, A. Canevaro, G. Denegri, B. Garibáldi, O. Carbone, F. Costa, J. Canavelli, L. Vergara, A. Banchero, F. Briasco, S. Sana, D. Lodett1, F. Basuto y el linesman Garasino.

Primeras Leyendas Argentinas. Américo Tesoriere

Durante diez años estuvo al frente del combinado argentino y en él logró los más importantes éxitos de su brillante campaña.

Cuando su carrera llegó a un imprevisto final, se unió con el recuerdo del hincha, para que hoy su nombre esté ligado entre los mejores arqueros de todos los tiempos. Fue modelo por excelencia del golero en momentos en que nuestro futbol comenzaba a vivir la lógica evolución del juego.

Desde su irrupción en la primera división de Boca Juniors (cuando era un irreverente joven que se ganó el afecto de los simpatizantes de la ribera) hasta consagrarse entre los mejores exponentes del balompié argentino.

Se llegó a decir que solamente «Tesorieri» (caprichosa forma en que pronunciaban su apellido los simpatizantes boquenses), en su mayona inmigrantes italianos, era capaz de alcanzar la fama y prédica que tenia por entonces, convirtiéndose en el hombre más famoso que cruzó por Argentina en la década del ’20.

Américo Tesoriere, su verdadero apellido, es una reliquia que se atesora en las gramillas de muchas canchas argentinas.

Su consagración definitiva la logró en el Sudamericano de 1921 que se jugó en Barracas Central, donde nuestro representativo se alzó con el primer campeonato.

Las figuras de Julio Libonatti y Américo Tesoriere hicieron sombra sobre los muchos méritos acumulados por los demás integrantes. El primero conquistó el gol del campeonato y *Mérico”, como to conocia la gente, evitó que los avances rivales llegaran a la red argentina durante los tres partidos aque disputó por dicho certamen, Inamovible desde entonces en el marco, no cumplió un buen rendimiento en el Sudamericano de 1923, cuestionándoselo duramente, con predicciones nefastas para su carrera: “Tesoriere está lejos de su verdadero nivel y su actuacion demuestra que este arquero no puede resistir a los embates de la declinación, que siempre llega, tarde o temprano”. Nunca este juicio pudo ser mas apresurado, ya que el año siguiente en Montevideo justificó plenamente la corfianza que depasitaban en él los encargados de formar el seleccionado y le da un tremendo revés a quienes ya no creian en sus condiciones.

Nuevamente mantiene invicta su valla y marca un nuevo record en los torneos sudamericanos, igualando el que habia marcado en Buenos Aires. En el par tido final, los uruguayos lo levantaron en andas y lo llevaron hasta el palco oficial, donde fue telicitado por el presidente del Uruguay, ingeniero Serrato.

En ese encuentro, que decidia la suerte del combinado argentino en el certamen, Tesoriere evitó una y otra vez que la presión uruguaya se cristalizara en la red. La mejor atajada fue cuando paró un violentisimo disparo de Petrone, cañonero del combinado oriental. “Fue fácil llegar a la pelota. Cuando se preparó para pegarle me tiré al ángulo, Cuando llegó la pelota yo ya estaba alli”.

Instintivo, tranquilo hasta limites insoportables, nadie pudo discutirle durante los cuatro años siguientes que continuó jugando fútbol, cuando imprevistamente decidió su retiro ante una mala pasada de los dirigentes. Ya había aquilatada la experiencia como para envolverse en los torneos universales que poco tiempo después afrontaria nuestro seleccionado, No pudo ser.

Jugó 37 encuentros internacionales, cifra poca dificil de alcanzar en los tiembos que le tocó actuar. Pero las frias estadisticas no alcanzan para mostrarlo en la dimensión que tuvo. Habrá que enfrentar a la leyenda para definir su importancia en el fútbol argentino,