La Sede Histórica de Boca. La Casa Baglietto

La casa de la familia Baglietto iba a ser la sede histórica cinco precursores realizaron su reunión fundamental, el 5 de abril de 1905. Pero había visitas y como el debate no se caracterizaba, Precisa. mente, por la moderación del tono ni del estilo, al corto rato la “magna asamblea” fué amablemente despedida por los dueños de casa.

Con ese pequeño episodio comenzó el largo peregrinaje que habría de soportar valerosamente la popular institución hasta afincarse con firmes cimientos en su solar actual.

Pero así como fueron sorteándose los innumerables obstáculos que se sucedieron en la vida del club, de cada uno de los cuales salió fortalecido, asi se salvó también el primer inconveniente.

Baglietto, Sana, Scarpatti y los hermanos Farenga (primer quinteto de ataque boquense) no hicieron más que cruzar la calle e instalarse en uno de los bancos de la plaza Solís, la plaza que debería ser declarada “lugar histórico” por las autoridades del club.

El entusiasmo de los fundadores, que no decayeron un instante en su afán por crear una institución deportiva, cuyo destino, por cierto, estaban lejos de imaginar, no fue sino el síntoma precursor de la fe y el temple que habrían de caracterizar en lo sucesivo a todos los hombres que a través del tiempo abrazaron la “causa” boquense, superando todas las dificultades y logrando que el club fuera haciéndose cada vez más fuerte, más grande, más querido y respetado.

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La llama encendida en aquel primer paso, el 5 de abril de 1905, brilló entonces como un anuncio de los colores de Boca: el amarillo oro del fuego inextinguible elevándose hacia el azul intenso del cielo de la barriada. La asamblea constituyente designó presidente a Esteban Baglietto.

Los Muchachos Fundadores de Boca Juniors

(Extractos del libro: Historia de Boca Juniors. 1956)

Tres eran, como decíamos, los jovencitos en quienes la novedad produjo más honda impresión: Esteban Baglietto, Alfredo Scarpatti y Santiago Pedro Sana.

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Los tres vivian en el barrio de la Boca, donde ya otros muchachos correteaban por las calles polvorientas o adoquinadas, disputándose la pelota de goma, de trapo o de papel con gritos que atravesaban las paredes de las típicas casitas de madera y zinc, dejando sin dormir la siesta a los tranquilos vecinos del pago xeneise…

Baglietto, Scarpatti y Sana, aprovechando las lecciones recibidas en el colegio, transportaron a su barrio la chispa del fuego encendido en la cancha de Estudiantes. Fueron algo así como los gallardos portadores de la luminosa tea que se enciende al calor del sol del Olimpo y hace que Grecia esté presente siempre durante la disputa de los Juegos tradicionales, cualquiera sea el lugar del mundo donde se encuentre el escenario de la clásica competencia.

Los primeros en sentirse atraídos por el calor de ese mensaje llevado por los tres alumnos del Comercial fueron los hermanos Farenga, Juan Antonio y Teodoro.

—Entre nosotros y esos que juegan en la calle podemos fundar un club y buscar una cancha.

Así Nacio Boca Juniors

(Extractos del libro: Historia de Boca Juniors. 1956)

El acto de fundar un club tan común en Buenos Aires a principios del siglo XX, puede significar un hecho sin importancia alguna y puede convertirse en un acontecimiento de trascendencia histórica.

Uno y otro extremo dependen exclusivamente del tiempo.

Si el club tiene corta vida, si no prospera ni alcanza prestigio y popularidad, el episodio mismo de la fundación y sus protagonistas se pierden inexorablemente en el olvido.

En cambio, si el destino se muestra propicio y el club se convierte con los años en una institución poderosa, de arraigo en el pueblo, de preponderancia en la actividad deportiva del pais, entonces el episodio de la fundación cobra un valor inestimable y sus protagonistas adquieren perfiles de próceres.

¡Cuántos y cuántos clubes se habrán fundado al mismo tiempo que Boca Juniors, con la misma fe, con igual entusiasmo, para perderse luego en el olvido total tras una vida fugaz! ¿Y en estos momentos, cuántos y cuántos clubes estarán naciendo en todo el territorio del pais, dispuestos sus creadores a llevarlos hacia adelante para convertirlos también, a fuerza de luchas y sacrificios, en las poderosas instituciones deportivas del mañana?

Basta que en un barrio cualquiera, en cualquier esquina se junte un grupo de muchachos para Jugar al fútbol, al basquet o al ajedrez y que de pronto uno de ellos proponga organizar ese grupo, darle forma, nombrar dirigentes, ponerle nombre y fundar el club.

El momento es solemne, pero su trascendencia depende del futuro. Si la obra marcha y de aquel pequeño núcleo surge una gran institución, entonces resultará de suma importancia conocer los detalles del pequeño hecho de la fundación: quiénes formaban aquel núcleo inicial, a quién se le ocurrió la idea de convertirlo en club, dónde se reunieron, quién propuso el nombre, qué colores se eligieron…

ASÍ NACIÓ BOCA JUNIORS…

Para narrar el “hecho pequeño” de la fundación de Boca Juniors tenemos que seguirles los pasos a tres jovencitos que en los primeros años del siglo cursaban estudios en la Escuela Nacional de Comercio, Bartolomé Mitre 1364, dirigida entonces por el doctor Santiago Fitz Simmons, entusiasta cultor y propagandista de los deportes, auténtico propulsor que introdujo la práctica de la educación física en aquel establecimiento educacional.

La designación de profesor de esta novedosa materia recayó en una figura muy querida, simpática, de rasgos personales pintorescos y que gozaba ya de sólido prestigio en el reducido ambiente deportivo: el irlandés Paddy Mac Carthy.

Futbolista y boxeador, Mac Carthy fué uno de los muchos miles de extranjeros que vinieron a la Argentina con el propósito de pasar aquí una temporada y se quedaron para siempre.

Terminada su campaña activa como jugador y pugilista, continuó brindando el aporte de su experiencia como entrenador, profesor y referee, en ambos deportes, y hasta hace muy poco tiempo desempeñó tareas de empleado municipal como inspector de espectáculos.

¡TAN LINDA MATERIA!

Este personaje entró en funciones en el Colegio Comercial y conquistó de inmediato las simpatías de los alumnos.

¡Era tan linda la materia que enseñaba! Nada de libros, nada de preguntas, nada de deberes… Mac Carthy daba clases de gimnasia y las matizaba con algunos “tiritos” de boxeo y práctica de fútbol.

Tenia un “sistema” personal. Llevaba a sus discipulos a la vieja cancha del Club Estudiantes (todavia en construcción), impartia una breve clase teórica en la casilla y luego, una vez en el field, echaba a rodar la pelota y salia corriendo con ella, mientras les decia a los muchachos: “¡Ustedes perseguirme para quitármela!” Y los chiquilines partían en bandada atrás del maestro, empujándose para llegar antes y apoderarse del juguete embrujado. Esas fueron las primeras lecciones.

Después, a medida que los estudiantes iban progresando en la práctica y en el conocimiento de las reglas del juego, Mac Carthy fué poniendo orden, formando equipos y organizando partidos.

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Porqué a Racing lo llaman La Academia

Racing Club recibió el nombre de «Academia» en la era amateur del fútbol argentino, luego de conseguir nueve campeonatos locales, siete de ellos en forma consecutiva entre los años 1913 y 1919, sumados a los de 1921 y 1925, siendo el primer equipo heptacampeón del mundo.

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De estos nueve campeonatos obtenidos, cinco de ellos fueron logrados de manera invicta, es decir, sin perder ni un partido. También obtuvo en este tiempo nueve copas nacionales (4 Copa de Honor y 5 Copa Dr. Carlos Ibarguren), siendo el máximo ganador de ambos certámenes; y tres copas internacionales (2 Copa Aldao y 1 Copa de Honor Cusenier).

Fué gracias a todos estos logros que recibió el apodo popular de «La Academia de Football Nacional», que lo identifica hasta la actualidad.

Como era La Boca nacio en la Boca

¡Boca!… El pueblo le dió su acento. El barrio le dió su nombre. La singularidad del club está identificada con la singularidad del escenario en que nació. Quienes hayan conocido ese arrabal porteño a principios de siglo, exactamente en 1905, han de saber bien que los años modificaron en parte la fisonomía edilicia.

Muchas de las típicas casilas de madera y zinc fueron desplazadas por modernas construcciones. Aquellas cortinas de estera que se recortaban sobre el estrecho balconcito dieron paso a las celosías metálicas de hoy en dia.

A los tranvías y coches de plaza que entonces transitaban por sus calles los suplantaron, aunque no del todo, los colectivos, ómnibus, trolebuses, taxis y automóviles particulares. Los viejos corralones, que servían de albergue a las “victorias” y a los caballos, esos corralones que eran como un juguete para la purretada del barrio, que en cada inundación los usaba a manera de amplia ensenada para sus barquichuelos de papel, ya no echan a la calle el característico aroma del pasto.

Su puesto fué reclamado por estaciones de servicio. Las avenidas y calles, hoy pavimentadas con asfalto en vez del adoquín o la tierra natural, se han ido nivelando. Ya no hay en las veredas tantos altibajos, tantas escaleritas, y al caminante se le hace más llevadero el paseo, aunque también menos pintoresco…

El crecimiento de las aceras dejó a muchas casitas bajo el nivel del suelo y han quedado como testigos del ayer que se asoma, agachado, a contemplar el panorama de la actualidad. O como chiquilines pobres que espían a través de los cristales, con las narices achatadas, el interior de las casas de ricos en dia de fiesta.

Si. Físicamente la Boca ha experimentado una transformación. Pero su espíritu y el de sus habitantes sigue siendo el mismo de siempre, el de la época en que constituía un lugar de turismo para los ciudadanos de otros puntos de la metrópoli. Porque si de algún barrio de Buenos Aires puede afirmarse que tiene personalidad, que ofrece caracteristicas propias, únicas, inconfundibles, ese no es otro que la Boca, la que poco caso le hizo a Pedro de Mendoza y prefirió ser genovesa para entonar canzonetas.

Ahí hablaron en xeneise los japoneses y los chinos. La Vuelta de Rocha mantiene todo su embrujo y la parla de Liguria se escucha aún en las casas, en las calles, en los cafés, en las tribunas…

El mensaje de luz lo proyectó en sus telas Quinquela Martin. Y por la angostura del “caminito” —Estrecho Filibertoreliquia histórica, transitan melancólicos los cánticos populares que concibió Juan de Dios.