Campeonato Sudamericano de 1917

El segundo Sudamericano fue organizado y también ganado por Uruguay. Argentina jugó en este torneo, su primer partido contra Brasil, el 3 de octubre.

En aquellas épocas, quienes intervenían en este tipo de competencias internacionales arribaban al país sede con muy poco tiempo de anticipación. El indispensable para dormir apenas unas horas. La delegación argentina viajó hasta la vecina orilla todas las veces que le fueron necesarias. Iba, jugaba y regresaba, los jugadores aficionados no se podían dar el lujo de abandonar temporariamente sus respectivos trabajos.

Este primer partido se realizó en la cancha del Parque Central, que fue especialmente remodelada para este certamen. El juego en sí tuvo dos fases completamente distintas. En los ´45 iniciales el equipo brasileño actuó con mucho brillo, por lo que su victoria se descontaba, más viendo lo mal que se desenvolvía la defensa argentina. Sin embargo, al reanudarse la lucha, nuestro equipo experimentó un cambio radical, transformando el 1-2 en un categórico 4 a 2. Acorraló a su ocasional adversario contra su propia área.

Los brasileños, en sólo dos oportunidades acercaron algún peligro hasta la valla del cada vez más seguro Carlos Isola.

Pasados tres días, el 6 de octubre, Argentina enfrentó a su segundo contrincante de este campeonato, Chile, en la cancha oficial de la Comisión de Educación Física. El encuentro fue relativamente bueno. Contrariamente a lo que se preveía, el equipo argentino, que se había lucido ante los brasileños, especialmente en el segundo período, se mostró muy flojo, dejando ciertas dudas de su real poderío. Sobre todo en defensa. Como era casi una costumbre, Isola fue otra vez una de las principales figuras, junto a Olazar. El «oalkeeper» (tal la antigua denominación) realizó atajadas magistrales, elogiadas por la crítica especializada. Por su parte, el centro half hizo gala de su tenacidad.

El 1 a O con que la Argentina se despidió del escenario no fue lógico, ya que los trasandinos desperdiciaron excelentes ocasiones para igualar. Lo que hubiera premiado su incansable trajinar.

Por último, el 14 del mismo mes, Argentina y Uruguay, que llegaron a este compromiso igualados en las posiciones, definieron la supremacía en este segundo Sudamericano. La delegación argentina, en su ida a Montevideo, sufrió un sinnúmero de contratiempos, que mermaron su rendimiento físico. Recién arribó a la capital uruguaya a las ocho y media de la mañana del mismo día del partido, es decir, a escasas horas en que Livingston hizo sonar el silbato por primera vez. Un vapor los condujo hasta Colonia, adonde llegaron a las 2 y 30 de la madrugada, y allí abordaron un tren expreso hasta Montevideo.

Para esta gran final se vendieron casi 29.000 boletos, pero fueron unas 45.000 personas las que la vieron. 16.000 se situaron en las lomas cercanas a la cancha del Parque Central.

El partido, salvo uno que otro detalle, pudo calificarse de entretenido, con pasajes muy buenos y dos etapas bien caracterizadas. Sin dudas, Uruguay y Argentina poseían el mejor fútbol de Sudamérica.

En el primer tiempo, tras un buen comienzo del visitante, el equipo local se adueñó de la pelota y del terreno, creando claras posibillidades de gol. Dominio que efectivizó hasta que Scarone, a los 14 minutos del complemento, obtuvo el gol, que a la postre sería el del triunfo. A partir de ese preciso instante, el equipo argentino, a pesar de que sus jugadores no podían disimular en sus rostros el cansancio, por el desgastador via. je de la noche anterior, sacó fuerzas hasta de donde no tenía y arrinconó contra Saporití al conjunto celeste. Argentina perdió, sí, pero actuó tan bien o en forma superior a su vencedor. Isola, Olazar y Ohaco fueron sus mejores valores. Una vez concluido el cotejo, el público invadió frenéticamente el field y agredió a varios jugadores argentinos.

De estos vehementes ataques, los más dañados resultaron Martín y Matozzi. La actuación del juez Chileno Livingston fue por demás mediocre, y uno de los porqués de la derrota argentina.

Finalmente, a las 11 de la noche de aquel 14 de octubre de 1917, la delegación argentina emprendió su vuelta, en tren especial hasta Colonia, para de ahí embarcarse con destino a Buenos Aires. Por segundo año consecutivo, Uruguay nos privó del festejo por la obtención de un Sudamericano.

La posición definitiva fue: Uruguay campeón, Argentina segunda, Brasil tercero, y Chile cuarto.

Solamente motivaciones extrafutbolísticas podían interrumpir la pasión, el entusiasmo y la total entrega de quienes, de un modo o de otro, eran parte del fútbol. Sudamérica, el Río de la Plata y, más estrechamente, Buenos Aires y Montevideo, se habian unldo en un imaginario eje de poderío futbolístico.

Pedro Bleo Fournol. «Calomino»

Pocos recuerdan en la historia del tútbol argentino el nombre de Pedro Bleo Fournol. Es el nombre que quedó en el silencio por la brillantez de «Calomino», apelativo que surgió de la necesidad de reconocerlo con un nombre por los genoveses de a Boca.

Sumamente difícil le era a los simpatizantes boquenses pronunciar el apellido de ese wing derecho, hábil, escurridizo, de aparente endeblez, que se convertía en una saeta incontenible para el defensor. La tribuna entusiasmada por las maniobras que realizaba el imprevisto puntero, le gritaba «Daguele forte… ¡Calumín!» Así fue que en poco tiempo más, lo bautizaron para la jerga futbolística Calomino, acompañado siempre por el aplauso que reconocía sus espléndidas maniobras.

«Es Calomino, el mejor wing derecho que haya conocido el fútbol sudamericano. De extraña habilidad y gran velocidad, provocó el delirio del público en sus actuaciones». Este comentario lo realizó un diario de Brasil después de un encuentro que disputó el seleccionado argentino en aquellas tierras. Debutó en el selercionado en 1912 y militó en todos los seleccionados como pieza obligada hasta 1925 cuando una enfermedad lo postergó para siempre de la páctica activa del fútbol, aunque continuó ligado como entrenador. En total jugó 35 partidos y convirtió 8 goles, en su foja internacional. Calomino fue el arquetipo del wing, que abría la cancha, para fabricar las oportunidades para los compañeros que llegaban por el centro del área. No fue goleador, pero su presencia en la punta derecha del ataque, significaba una inyección anímica de mucho peso en el funcionamiento del conjunto.

Formó sociedades con insiders que fueron modelo del funcionamiento de la pareja de ataque en el selaccionado. La de mayor vuelo técnico fue la que conformó junto con Julio Libonatti, en el sudamericano de 1921, el primer torneo sudcontinental que ganó la selección Argentina y tuvo en esos dos hombres carta de triunfo en ese campeonato. El entendimiento entre ambos llegó a una perfección que era poco menos que imposible cortar el circulio que ambos generaban, «Calomino desbordando constantemente fue una pesadilla que no pudieron contener los defensores» decían los comentarios del partido consagratorio para nuestro combinado.

Fue cuestionado en los años siguientes y es entonces cuando Tesoriere dice: «Todos sabían que Don Pedro Calomino no está en su mejor forma y que ya no debia debería integrar el seleccionado. Pero estoy seguro que sin él, todo el andamiaje del seleccionado se vendrja abajo…»

Volvio a su nivel en el sudamericano del24 y formo otra sociedad de gran calidad con Chiessa, inolvidable insider de Huracán.

Después vino la enfermedad que le afectó un ojo y se dedicó a la enseñanza de los secretos del fútbol. Entonces traemos al presente una frase de Caras y Ceretas: «El gran puntero derecho internacional, enseña a jugar al fútbol como los mejores…»

Adidas Super Cup 2017 – Uefa Super Cup Skopje

Adidas Super Cup 2017 es el nombre del balón oficial de la Supercopa de la UEFA 2017 en Skopje, Macedonia.

El balón de la Supercopa 2017 incluye el logotipo de la Supercopa de la UEFA e integra los colores azul y verde. El balón oficial de la Supercopa Adidas 2017 basado en el diseño de cuatro paneles del balón Adidas Brazuca y el estilo visual del Adidas Krasava.

El partido de Copa contó con el Real Madrid, campeón de la UEFA Champions League 2016/17, y el Manchester United, campeón de la UEFA Europa League 2016/17.

La Supercopa de la UEFA de 2017 se jugó en el Philip II Arena de Skopje el 8 de agosto de 2017.

Porqué la Final se juega con otra pelota

¿Alguna vez te preguntaste porqué la Final de la Copa del Mundo se juega con otro balón?

La razón es sencilla, a partir del Mundial 2006 disputado en Alemania, se pensó que el partido más importante, del evento deportivo más importante del mundo debia ser único y diferente a los demás. Es así que la FIFA decidió cambiar la pelota de la Final.

En 2006 el modelo fue el Adidas +Teamgueist y para la final se reemplazo el balón clasico por uno dorado.

En 2010 el modelo fue Adidas Jabulani y para la final se utilizo el modelo Adidas Jo’bulani tambien en color dorado.

En 2014 el modelo fue Adidas Brazuca y para la final paso a llamarse Adidas Brazuca Final Rio. Una vez más el color dorado es sinónimo de destaque.

En 2018 el modelo fue el Adidas Telstar 18, una reversion del Telstar 1970. Para la final se utilizo el Adidas Telstar ME4TA con la particularidad de que se dejo de utilizar el color dorado para reemplazarlo por el rojo.

Quien fue Arnoldo P. Watson Hutton

Dijo un día Américo Tesoriere: “Yo vi jugar a Watson Hutton y puedo asegurar que su juego no está lejos de ser idéntico al que se da por llamar moderno…”

¿Y quién puede dudar de las palabras del gran «Mérico»?

Arnoldo, hijo de Alejandro, pionero de nuestro fútbol, debutó en el glorioso Alumni en 1902. Su actuación fue interrumpida por frecuentes viajes a Europa.

Puedes leer aquí: Nace Alumni, la génesis del fútbol argentino.

Su juego lo mostró como original y artífice de una modalidad que inmediatamente tomó cuerpo en los equipos de la época. Su fama ha sido relatada en cien escritos y hasta el cinematógrafo intentó mostrarlo en la pincelada de la realidad de su tesón e influencia dentro de la actividad del fútbol argentino.

Fue el romántico de nuestro fútbol, acorde con la época. Internacional y auténtico animador de aquellas luchas que fueron preámbulo de miles de jornadas gloriosas. Obliga al anacronismo para ubicarlo en el panorama de nuestras auténticas figuras. Los eternos admiradores de su tiempo lo mostraban como “el fantástico””, “el cerebro”, “el demoledor”.

Fue una astilla cabal del fundador del English High School (Alexander Watson Hutton) y fue así que a los 15 años sus limitaciones de edad desbordaron las ganas de jugar al fútbol, hasta que el “Colorado” Mack le dijera: “No importa que seas chico, ponete esos botines y yo lo convenceré a tu padre para que te permita jugar”.

Puedes leer aquí: Alexander Watson Hutton, El padre del Fútbol Argentino.

Y el debutante se ubicó en la línea de ataque contra Jorge Brown y Eugenio Moore. Finalizado el partido, Arnoldo Watson Hutton había captado el corazón de los aficionados; había nacido un nuevo astro de fútbol de quince años, cuya trayectoria se extendería luego a través de los años en la exhibición permanente de virtudes de auténtico campeón.

Puedes leer aquí: Jorge Gibson Brown, el Primer Gran Jugador Argentino.