Aquella solemnidad ante el aviso ceremonioso del fotógrafo ha desaparecido en nuestras actuales instantáneas, tan ligeras como reiteradas. Pero aquellos tiempos suponian otras actitudes, era el 1910, y sobre todo, tratándose de un elenco de campeones.
Vemos a L. Dollenz, A. Canevaro, G. Denegri, B. Garibáldi, O. Carbone, F. Costa, J. Canavelli, L. Vergara, A. Banchero, F. Briasco, S. Sana, D. Lodett1, F. Basuto y el linesman Garasino.
Fue uno de los delanteros que mayor brillo alcanzó en la década del veinte, cuando siempre tenía una plaza en el ataque de los equipos argentinos, ya jugando como centro delantero o como entreala izquierdo, donde invariablemente toda la sapiencia de este gran jugador suponía asegurar un alto nivel de jerarquía.
Aparentemente, Seoane no tenía físico como para desarrollar su habilidad; pero, sin embargo, a pesar de su tendencia a la obesidad, era capaz de moverse en los espacios reducidos con suma facilidad.
Apilador por naturaleza, logró estupendos goles, de factura inolvidable, que lo identificaron como un delantero de gran calidad.
“En mi vida tuve muchos insiders, pero con la precisión de Seoane y Cherro creo que jamás”. Así lo recuerda Tarasconi al genial delantero.
Identificado en la historia del fútbol con independiente, cumplió con igual medida en Boca Juniors, durante la gira por Europa y en El Porvenir, donde también jugó en su primera época.
Su debut con la casaca nacional fue en 1921, cuando la selección Argentina viajó a Paraguay, para realizar una serie de partidos amistosos contra equipos guaraníes.
Alli era un joven que le gustaba gambetear hasta el hartazgo.
Al poco tiempo era el maduro delantero que hizo de su habilidad un argumento contundente dentro del área. A partir de entonces jugó en el seleccionado 21 partidos internacionales y convirtió 16 goles, jugando en cualquiera de los tres puestos centrales del ataque.
Un delantero inolvidable. Un gran goleador.
“La Chancha”, como lo apodaron, o “El Negro”, nació en Ávellaneda (Villa Piñeyro), el 19 de marzo de 1902.
Comenzó en la quinta división del club Sud Amé.rica, de Avellaneda, de liga independiente. Más adelante, en diciembre de 1920, hizo su debut oficial en la división intermedia de Independiente. También actuó brevemente en El Porvenir, en 1925.
Su comienzo en Independiente fue auspicioso, frente a River Plate, derrotado por 2 a O, Alli Seoane marcó ambos tantos. Estando en El Porvenir, Boca lo pidió para su gira por Europa, en 1925, y en esa ocasión, de los 40 tantos logrados por el equipo de la ribera, Seoane obtuvo 16.
Una anécdota surgió cuando llegó Boca a Europa: nadie podía entender que este «gordo» pudiera jugar al fútbol y lo creyeron un dirigente.
La selección argentina lo contó entre los mejores delanteros de la década del 20. Fue un grande del fútbol.
Jamás dejó de afirmar que su llegada a la selección nacional se debió más a la casualidad que a las virtudes que él tenía.
Nunca dijo otra cosa cuando fue requerido para actuar en el equipo argentino que no fuera: “Yo llegué al seleccionado porque Celli se lesionó, ya que, de lo contrario, no hubiera jugado nunca o en contadas ocasiones”.
Cierto es que la lesión que postergó para siempre a Adolto Celli hizo que Ludovico Bidoglio pasara a formar parte del conjunto argentino; pero, tratándose de dos hombres de indiscutible calidad, las palabras del zaguero boquense se recluyen en la modestia que identifica a los grandes jugadores.
Fue, a partir de 1922, poco menos que irreemplazable, actuando con la casaca celeste y blanca en 33 partidos internacionales.
Prototipo del defensor de aquellos tiempos, de gran físico y estampa de hombre recio, tuvo los suficientes atributos como para tener la consideración del hincha a su favor, que lo eligió entre sus preferidos, postergando las ambiciones de Felipe Cherro, el hermano de «Cabecita de Oro», que por esos sños se había erigido como otro de los grandes defensores del fútbol argentino.
Con Ramón Muttis conformó una pareja de zagueros donde la fuerza de este último se conjugó a la perfección con la sutileza de Bidoglio, “Todos hablan de mi,decia, pero se olvidan de Muttis, que es quien me facilitó mucho las jugadas, aun. que desde afuera la cosa no parezca así.
El cuerpeaba y molestaba a los delanteros y yo los recl. bia entregados, Muy distinto sería que yo entrentara a un atecente con toda la fuerza en su carrera, Ramón es el que hizo mucho por el éxito de la zaga.”
En los primeros encuentros que jugó el seleccionado, los delegados lo llamaban igual, aunque sabian que el puesto de defensor central sería ocupado por Celli.
Jugaba como “centrojás”, donde imponía su personalidad y técnica en beneficio del conjunto. No era la mismo que cuando se alineaba como zaguero. Pero siempre dejaba presente su inalterable calidad de juego.
Fue el gran Vico.
Quiso el destino que una lesión,jugando para Boca, lo postergara, cuando su retiro parecia aún lejano.
Bidoglio nació (5 de febrero de 1900) y vivió en Palermo. Se inició en un club de barrio, denominado “Adelante Vamos”, Luego llegó a la cuarta de Sportivo Palermo (1916), como entreala derecho. Cuando su Club se fusionó con Eureka, pasó a ser titular en primera división, Y jugando un amistbso frente a Centenario Argentino se lesionó un zaguero, y Ludovico cubrió el puesto, del que nunca más se movió. A fines de 1922 llegó a Boca. Pero a la fama recién en 1924, frente a los olimpicos uruguayos.
Jugó hasta el 27 de diciembre de 1931. Vico fue insustituible durante siete años en partidos internacionales, Falleció el 24 de diciembre de 1970.
Jacobo Urso nacio en el Club San Lorenzo de Almagro, fue parte del equipo que inauguró el estadio en 1916 además de ser el primer jugador de San Lorenzo que fue citado para formar parte de la Selección Argentina.
El museo del club lleva su nombre, el ¿porqué…..? Porque dió la vida por su Club.
El 30 de julio de 1922, San Lorenzo debió enfrentar a Estudiantes de Buenos Aires en Palermo. Fue a los diez minutos del segundo tiempo cuando Urso chocó contra dos jugadores rivales sufirendo la fractura de algunas de sus costillas.
Esta lesión provocó que su riñón fuera perforado, a pesar de este dolor, Jacobo no abandono a su equipo y continuo en el partido. Al finalizar el encuentro, Urso debio ser internado y luego de una semana de agonía, falleció en el hospital Ramos Mejía el 6 de agosto a la edad de 23 años.
Días antes de su muerte, Jacobo Urso daba una nota para el diario El Telégrafo donde se lamentaba por tener que dejar el equipo: “No lo lamento por mí, sino por mi club que necesita de mis esfuerzos para escalar los puestos que faltan para colocar a San Lorenzo a la cabeza del campeonato, con las tribunas que hemos construido somos el mejor club de Buenos Aires”.
Su cuerpo fue despedido en el estadio de San Lorenzo por sus compañeros y por el equipo Teplitzer Fussball de Checoslovaquia, que se encontraba de gira en la Argentna y había donado una bandera con los colores del club para cubrir el féretro.
Luego, cinco mil personas, lo acompañaron hasta su ultima morada en el Cementerio del Oeste (actual cementerio Chacarita).
El 5 de Agosto de 1923 se inauguro su mausoleo en la Chacarita y haciendo uso de la palabra, nuestro Presidente Eduardo Larrandart dijo: «Jacobo Urso…! Los dirigentes de tu club, los socios, tus amigos, tus admiradores, tu pueblo, tu pequeño y grande pueblo que tantas veces batiera palmas para aplaudir tu habilidad, tu destreza y entusiasmo, os ruegan aceptes desde las alturas esta humilde ofrenda, que es el reflejo fiel del profundo dolor que tu desaparición dejara para siempre en nuestras mentes y nuestros corazones…»
Sus cenizas por decisión familiar, descansan para siemprr dentro del busto que se encuentra en el museo del club de sus amores. Por su parte. el Club Atlético San Lorenzo de Almagro, como muestra de profundo respeto y de sincero agradecimiento, decidio que su museo lleve su nombre.
Jacobo Urso nació el 17 de Abril de 1899 en Dolores, Provincia de Buenos Aires. Era hijo de un italano, Jacobo y una argentina, Rosa Florio, y compartia su casa con sus once hermanos.
En su niñez se fue a vivir junto a su familia al barrio de Caballito. Allí comenzó su vínculo con la pelota y con San Lorenzo de Almagro, su único amor.
En 1915 ingreso al Club, participando de la tercera división. Debido a sus grandes cualidades rapidamente debuto en primera división. Fue nada más y nada menos que el 7 de Mayo de 1916, el mismo día en que se inauguro el Viejo Gasómetro. En ese encuentro San Lorenzo derroto al poderoso Estudiantes de La Plata por 2 a 1.
En 1919 fue convocado para integrar el Seleccionado de la Asociación Amateurs Argentina para representar a su país en Montevideo, en Chile y en el Campeonato Argentino.
Su posición dentro del campo de juego era de half izquierdo, disputando 107 partidos y convirtiendo 6 goles.
Pocos fueron los que lo conocieron como Julio Libonatti. Era simplemente Julio para sus seguidores, o el idolo rosarino para los porteños que lo veían de tanto en tanto en las canchas de Buenos Aires, en la selección argentina, pero escuchaban infinidad de elogios que provenian de su actuación en Newell’s Old Boys de Rosario, club donde se inició y que dijo: “Es el club de mi vida, alli jugaré hasta que me tenga que retirar”.
Cumplió con su palabra, saliendo campeón en todos los equipos que militó, ya sea en las divisiones menores como en primera división. Para ejemplificar la nombradia que alcanzó, llegó a compartir un lugar preferencial entre el público rosarino con el inolvidable Gabino Sosa.
Julio Libonatti nació el 5 de julio de 1901 y 20 años más tarde llegó a la consagración definitiva en la pasión de su vida, el fútbol. Argentina vivia intensamente la disputa del Campeonato Sudamericano que se llevó a cabo en Buenos Aires. Como casi siempre, la superioridad rioplatense era notoria. La final, por supuesto, la disputaron Argentina y Uruguay, siendo ésta la gran oportunidad de nuestro combinado para ganar un Sudamericano. Todo el pais esperaba ese momento. Fue el 30 de octubre de 1921.
Libonatti, a los 12 minutos del complemento, remató en forma exacta, convirtiendo el gol del campeonato. Fue ésa una fecha inolvidable para Libonatti y doblemente valiosa para el fútbol criollo: “No puedo contarlo en pocas palabras. Cuando metí el gol, tuve ganas de correr, me emocioné como nunca. Fue una alegría que jamás había sentido. Cuando terminó el partido me llevaron en andas desde la cancha hasta Plaza de Mayo.”
Era el trofeo de los hombres que desearon ese triunfo y ese gran jugador se lo brindó. Un trofeo de carne y hueso, que llevaba el fútbol en la piel.
“Tiene veinte años, y para ser lo que ha llegado a ser en una edad relativamente joven, es a costa de su práctica, su moral y su inteligencia . . . ” (De “Hablando con el idolo rosarino, por A. De Robertis.)
Dichas condiciones se agregaron a la ductilidad para adaptarse a los distintos puestos de ataque, amalgamando su habilidad innata para llegar a ser hombre clave del fútbol argentino. Por aquella ¡ornada inolvidable del ’21. El dia del primer Sudamericano, el dia del gol de Libonatti …